¿Cuál es el significado de ser maestro? ¿Acaso responder con exactitud o ser el impulso que amplía la duda para obligarnos a escudriñar nuevos horizontes?
Hace algunos años recibí una llamada de mi gran maestro, Luis Díaz Durán, quien, con voz cansada pero animada por esa vitalidad retadora cuando de conocimiento se trataba, me dijo con su característica radicalidad:
—Desde el norte hasta la Patagonia, no encontré un mejor sinodal que usted para discutir sobre la “Ilíada” y la “Odisea”.
Al escuchar esto, fui presa de emociones encontradas: primero, por la grandeza que habitaba en aquel sabio y, segundo, porque desde joven he sido aficionado a estos libros. Como alumno, fue la más trascendente flor que recibí. Apreté el auricular y me dispuse a escuchar. Como siempre, él tomó la delantera y lanzó la interrogante que, según me dijo, lo asaltaba desde hacía meses: ¿Cuál era el afán de los dioses mitológicos al rozarse con los humanos en su cotidianidad?
Su pregunta me sorprendió. Pensé que hablaríamos sobre quién fue el primer aqueo en caer al llegar a las playas de Troya; sobre la amazona que se unió a los troyanos y fue muerta por Aquiles; o sobre el único sobreviviente de aquella guerra helénica. Decenas de datos se agolpaban en mi mente, pero mi mentor no miraba la superficie: sus ojos se posaban en la profundidad, en dimensiones que un memorista jamás alcanza a vislumbrar.
Guardé silencio. No sé si para esperar que alguna respuesta apareciera en mi mente, pero devino solo un estólido silencio. Él supo que su pregunta había sido un knockout y se lanzó como gladiador sobre mí. Argumentos múltiples cayeron como estocadas intelectuales y ese día comprendí que, leyera lo que leyera, jamás estaría a la altura de semejante inteligencia.
Años después partió de este mundo. Además de extrañarle, su interrogante forma parte de esas quimeras que aún no he podido descifrar. Él respondió su propia pregunta; yo, a la fecha, no alcanzo a comprenderla. Sin embargo, lo evoco hoy porque: ¿cuál es el significado de ser maestro? ¿Acaso responder con exactitud o ser el impulso que amplía la duda para obligarnos a escudriñar nuevos horizontes?
