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Autocuidado: El nuevo estatus que no puede comprarse

La capacidad de hacernos responsables de nuestro bienestar físico, mental y emocional se nota y mejora nuestras relaciones.

Durante mucho tiempo se pensaba que cuidarnos era un lujo y que sólo era para personas que vivían de su imagen. Que el que descansa es flojo, que poner límites era egoísmo y que atender la salud emocional era solo para “débiles”. Hoy, en medio de una sociedad cansada, hiperestimulada  y emocionalmente saturada, el autocuidado deja de ser una tendencia para convertirse en una necesidad urgente que muchos consideran pero pocos la trabajan. Y ojo, no es exclusivo de las mujeres; también es cosa de hombres.

El autocuidado no se trata únicamente de rutinas estéticas que incluyen cremas, pepinos en los ojos y miles de pesos invertidos en spas. Aquí la base de la que hablamos es entrenamientos o alimentación consciente. Va mucho más allá. La base es la capacidad de escucharnos, de reconocer cuando algo nos está rebasando y de hacernos responsables de nuestro bienestar físico, mental y emocional.

El verdadero bienestar se nota, se trabaja diario y no se compra.

Las mujeres, históricamente, hemos cargado con el rol del cuidado. Cuidamos hijos, parejas, padres, trabajo, hogar. Nuestras generaciones de abuela, mamá, tías nos enseñaron a cuidarnos a ratos, cuando el tiempo alcanza, cuando ya cumplimos con todo y con todos, porque ser “buena mujer” era sinónimo de dejarte un lado para darte a los demás.

Por otro lado, a muchos hombres se les enseñó a resistir, a no quejarse, a no pedir ayuda, a seguir adelante aunque el cuerpo y la mente estén al límite. A ellos sus generaciones les enseñaron a ser buenos proveedores, primero sostener financieramente el hogar, mantener una imagen fuerte y que cuidarse de cualquier manera era de “mujeres”.

El resultado: adultos funcionales por fuera, pero profundamente drenados por dentro.

El ejercicio es clave para el bienestar individual. Fotografía: Freepik

El cuerpo siempre avisa. Cuando hemos dejado a un lado nuestras necesidades básicas el cuerpo habla y se manifiesta con insomnio, ansiedad, irritabilidad, enfermedades recurrentes, desconexión emocional y a simple vista acumulamos años de más.

Lastimosamente seguimos normalizando el desgaste como parte de la vida adulta. Nos acostumbramos a vivir cansados y a relacionarnos desde ese cansancio. A poner en pausa nuestra esencia, las actividades que nos hacen felices, las relaciones humanas, la recreación y el tiempo para sentir y vernos mejor.

“El autocuidado es la forma de recuperar tu poder”.

Lalah Delia, educadora especializada en espiritualidad y bienestar.

Justo aquí es donde comienza un ciclo de desgaste emocional, pérdida de ilusión y la monotonía que nos lleva a ser máquinas trabajando todo el tiempo por cumplir con los requisitos que nos exige hoy el ritmo de vida.

El resultado: relaciones tensas, falta de paciencia, comunicación deficiente y vínculos que se sostienen más por costumbre que por bienestar real, y aunque suene superficial una imagen física con unos 10 años encima, sobrepeso, síntomas de depresión y hartazgo de la rutina.

Y es que, digámoslo sin filtro, cuando una persona se cuida se nota a gran distancia, cambia la forma en la que se relaciona, su postura y actitud hacia la vida es distinta, su cuerpo, cabello y semblante simplemente resalta. Alguien que duerme mejor, que se mueve, que se alimenta con intención y que se permite espacios de pausa, responde distinto ante la vida.

El autocuidado también es responsabilidad de cada uno, es atender su mente y sus emociones, ponerse en movimiento, ser conscientes de lo que comemos, hidratarnos y darnos pausas para recargar energía.

Y esto como resultado nos lleva a ser más eficientes en todos los sentidos.

La alimentación consciente forma parte del autocuidado. Fotografía: Freepik

El bienestar individual impacta directamente en nuestro ambiente, familia, amigos y trabajo. Cuando una persona se hace cargo de sí, se rompen dinámicas de dependencia emocional, se fortalecen los vínculos y se crea un entorno donde el respeto y la empatía fluyen con mayor naturalidad, y, lo mejor de todo, nos vemos mucho más jóvenes, porque si nadie te lo ha dicho, nos vemos como nos sentimos en todos los sentidos.

Hoy, hablar de autocuidado es hablar de madurez. De hombres que se permiten sentir y pedir ayuda. De mujeres que se eligen sin culpa. De personas que entienden que cuidarse no es huir de las responsabilidades, sino tener la energía y la estabilidad emocional para enfrentarlas mejor.

Ejercicio, alimentarse desde la consciencia, hidratarse y el tiempo de descanso también forman de las partes más importantes de las que hoy todos sabemos y pocos hacen.

Y es que entendamos que si me siento bien, veo la vida de otra manera, me llevo bien con mi entorno y la vida fluye más ligera.

¿Te imaginas el impacto social que generaría si fuéramos cada vez más los que entendemos el verdadero significado del autocuidado?

Cuando dejemos de cumplir con los roles y expectativas de antaño y de romantizar el sacrificio,  empezaremos  a normalizar el bienestar. Porque al final, el autocuidado no es egoísmo. Es la base de relaciones más sanas y de una vida con mayor conciencia y equilibrio.

Nos vemos, actuamos y somos el trabajo que hacemos todos los días por nosotros mismos.

Socializar también es importante para fomentar el bienestar personal. Ilustración: Freepik.

5 medidas de autocuidado

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