Tres historias nos demuestran que el romance no es necesariamente como nos lo contaron.
El amor está en todas partes. No, no es un argumento lleno de cliché, o quizás sí, pero dentro del mundo del cine y la narrativa, este sentimiento domina una gran parte de las historias que vemos y escuchamos. No importa si solo tomas en cuenta las siete tramas básicas de Christopher Booker o las 36 situaciones dramáticas de Georges Polti, puedes mencionar casi cualquier cinta y encontrarás, al menos, un pequeño momento de amor en alguna de sus muchas expresiones.
La forma en la que el cine ha retratado momentos muy específicos de la manera en la que las relaciones afectivas comienzan, explotan o terminan nos coloca frente a producciones que han logrado resonar de forma un poco fantasiosa e idílica del concepto que tenemos del amor. Afortunadamente, existen otro tipo de historias que, con el pretexto del amor en pareja, nos llevan a lugares que nos hacen preguntarnos el significado profundo y los sitios a donde nos puede llevar el afecto.
Sin más preámbulos ni miel de por medio, aquí te dejo tres cintas para ver (o no) durante todo febrero. Solo, acompañado, con amigos, pero que el amor al cine siempre nos una.
El crimen de ser soltero – ‘The Lobster’
Imagínate que ser soltero esté prohibido y, en caso de estarlo, seas obligado a encontrar pareja en un máximo de 45 días para evitar ser convertido en un animal. Yorgos Lanthimos, antes de “The Favourite” y “Poor Things”, nos presentó “The Lobster”, un retrato crudo, distópico y visceral sobre la soledad y la necesidad humana de conseguir a alguien con quien estar, tanto para sentir una clase de realización como para cumplir con estándares sociales; todo, claro, extrapolado al absurdo y con tintes sumamente vívidos.
El cineasta griego nos lleva al extremo de ver la soltería como un crimen que merece ser erradicado y retuerce la típica pregunta de una reunión familiar cuando te cuestionan por la pareja al colocarla como un señalamiento de cacería en el que todos participamos. Pero también va más allá y coloca a los solteros dentro de un mismo espacio para obligarlos a enamorarse, con la amenaza de que deberán abandonar su humanidad en caso de no conseguirlo, mientras son acechados por aquellos que sí logran entrar en el statu quo del romance.
Durante la cinta seguimos a David, estelarizado por el increíble Colin Farrell, en su travesía casi terrorífica de dejar de lado la soltería a la que vuelve luego de ser abandonado por su esposa. Afortunadamente, nuestro protagonista conoce a una mujer que tiene problemas visuales y con la que parece que todo el conflicto de la soledad quedaría resuelto… a menos que sea necesario encontrar otra forma de amor y en realidad se den cuenta de que el romance es ciego.
Si a la cinta le agregamos que cuenta con las actuaciones de Rachel Weisz, Olivia Colman y John C. Reilly de forma brillante, es completamente entendible que haya sido galardonada con la Palma de Oro en el Festival de Cannes en 2015.
Quiero comerte, cariño (literalmente) – ‘Bones and All’
Si alguien es experto en retratar relaciones sumamente cuestionables, es Luca Guadagnino, pero centrémonos en una de sus cintas menos conocidas y con un trasfondo que resuena en la forma en la que el amor puede ser llevado al extremo entre parias incomprendidos que no buscan aceptación y solo quieren ser ellos mismos. Nos referimos a “Bones and All” (2022).
Una cinta que inicia con una escena en la que una jovencita muerde el brazo de una de sus amigas tal vez no sea lo más romántico que exista, pero si tienes paciencia y te dejas envolver en la trama de un par de fugitivos al estilo Bonnie & Clyde que tratan de huir de la sociedad mientras conviven y dominan su hambre caníbal voraz, estarás frente a una de las películas de amor más sinceras de la última década.
La cinta nos lleva a finales de los 80 en Estados Unidos, donde seguimos a Marlen y Lee, interpretados por Taylor Russell y Timothée Chalamet de forma magistral.
Nuestros fugitivos se embarcan en un viaje para entender por qué tienen deseos caníbales, mientras intentan huir de su pasado y encuentran refugio en su amor mutuo. Pero nada viene sencillo; un cazador de “devoradores” busca acabar con ellos, por lo que la lucha de ambos no es solo interna; también deben pelear por ser aceptados.
Una película coming of age con un montón de sangre y un final desenlace desgarrador no suena a un plan para el Mes del Amor y la Amistad, pero seamos sinceros, el corazón dentro de esta cinta es vernos reflejados como un par de enamorados sin refugio alguno, sostenidos solo por el afecto entre ellos, aunque no sirva para nada.
Un adiós obsesivo – ‘Possession’
Todo, absolutamente todo, tiene un final. Una relación puede acabar por muchas razones, desde malentendidos hasta el romántico “hasta que la muerte nos separe”. El punto del quiebre y de soltar es precisamente saber qué hacer con eso, cómo avanzar y la manera de entender que llegó la hora de decir adiós. Pero si eres cineasta, estás atravesando un divorcio y lo tuyo es dejar boquiabierta a tu audiencia, lo más seguro es que hagas una película como “Possession”.
En 1981, el director polaco Andrzej Zulawski presentó una de las películas más extrañas y turbias sobre una separación con “Possession”, donde retrató un proceso de divorcio como una historia de terror sumamente violenta que logra extinguir cualquier residuo del amor entre una pareja. Además de llevar todo a puntos ilógicos que parecen gritarle a la pantalla que ya no hay absolutamente nada por salvar.
La cinta nos lleva a la ciudad de Berlín, donde Mark y Anna, interpretados por la leyenda Sam Neill e Isabelle Adjani, son una pareja que está en sus últimos momentos juntos y solo están unidos para desgarrarse mental y físicamente. Con sospechas de un engaño y acusaciones cruzando el campo de batalla, la manera tangible en la que nuestros personajes se van destruyendo sirve como metáfora del desmoronamiento de una pareja que, por el afán de estar juntos, no les importa el daño que generan a su paso.
Con escenas fuertes y monstruosas, el director trata de extrapolar el colapso entre el amor y los seres amados, y deja una reflexión que, si logra ser entendida, habla más allá de lo grotesco que parezca el cuadro: la separación también significa la pérdida de una versión de ambas personas que deja un vacío difícil de llenar.
Esta película es incómoda, nada amable y es complicado recomendarla, pero por algo Adjani ganó el premio a Mejor Actriz en Cannes y Berlín en su momento y la crítica la calificó como una de las historias de amor más devastadoras que se han filmado. Y solo por eso, vale la pena verla, aunque es difícil de encontrar.
Tal vez te atrevas a ver cualquiera de estas tres cintas y desmontar un poco de la idea romántica que hemos concebido sobre el amor gracias a Hollywood, pero si no, no pasa nada. El amor es como el cine, nadie puede decirnos cómo tomarlo.

