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¿Cuánta agua nos queda?

Saltillo enfrenta un estrés hídrico estructural, derivado de la sobreexplotación de acuíferos y deficiencias en la infraestructura.

Saltillo se ubica en una región semidesértica donde el abastecimiento de agua depende casi en su totalidad de fuentes subterráneas. A diferencia de otras ciudades con acceso a presas o sistemas superficiales, el modelo hídrico local descansa en la extracción intensiva de acuíferos, lo que plantea interrogantes sobre su sostenibilidad en el mediano plazo.

El análisis de la capacidad actual y proyectada de abastecimiento de agua potable en Saltillo, considerando la disponibilidad de pozos, las condiciones de los acuíferos, los niveles de abatimiento, las precipitaciones recientes y los escenarios de riesgo, concluye que la ciudad enfrenta un estrés hídrico estructural, derivado de la sobreexplotación de acuíferos y de deficiencias en la infraestructura.

El sistema de abastecimiento operado por Aguas de Saltillo (AGSAL) cuenta con alrededor de 100 pozos y tres manantiales, con un volumen de extracción cercano a 34.4 millones de metros cúbicos anuales. Históricamente, ha llegado a operar más de 80 pozos activos y de reserva, extrayendo más de 2 mil litros por segundo.

Los acuíferos presentan déficits estructurales. En el caso del acuífero Saltillo-Ramos Arizpe, la disponibilidad media anual es negativa, lo que indica sobreexplotación. La precipitación pluvial anual en Saltillo solía ubicarse entre 470 y 480 milímetros (mm), de acuerdo con datos de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA); sin embargo, entre 2010 y 2019 promedió 340 mm, y en 2022 se registraron apenas 260 mm. Esto evidencia una caída significativa en los niveles de precipitación.

Algunos problemas que enfrenta Saltillo.

A ello se suma una menor infiltración de agua, debido al crecimiento de la mancha urbana, desarrollo inmobiliario descontrolado y al aumento de superficies impermeables como el asfalto, lo que impide la adecuada recarga de los mantos acuíferos.

Los niveles del agua subterránea han mostrado un abatimiento progresivo. La profundidad del nivel estático oscila entre 8 y 240 metros, y en algunas zonas supera los 400 metros. En este sentido, el incremento en la profundidad de explotación incrementa la concentración de minerales y deteriora la calidad del agua e incrementa la posibilidad de generar problemas de salud a los saltillenses.

La región, además, presenta alta variabilidad en precipitaciones, con tendencia a sequías prolongadas. Para los próximos cinco años, se proyecta una mayor irregularidad climática.

Por otro lado, las fugas en la red representan un problema crítico, con pérdidas estimadas entre el 30 por ciento y el 40 por ciento. Este es un tema ampliamente debatido, ya que la empresa paramunicipal Aguas de Saltillo se niega a reconocer la magnitud de estas pérdidas, atribuibles al deterioro de la red de agua potable.

Proyección a cinco años

Saltillo enfrentará una mayor profundidad de extracción, incremento en costos y deterioro del sistema. Será necesario prever mayores recursos de inversión en infraestructura hídrica.

Debe incorporarse el uso de aguas grises y su reúso, implementar auditorías constantes en los pozos activos y revisar las condiciones del agua extraíble. Asimismo, resulta indispensable prohibir la perforación de nuevos pozos en el valle de Saltillo, ya que representa un daño grave a la capacidad hídrica de la región. Como decía el Ing. Destenave: “más popotes en el mismo vaso implican menos agua disponible”.

Algunas soluciones ante la crisis hídrica que enfrenta la ciudad.

La inversión reciente ha sido reactiva y no estructural: se actúa ante la sequía o la presión social, sin un modelo preventivo sólido. Gran parte de estos recursos se destina al cambio de tuberías, bombas, energía y mantenimiento, manteniendo la dependencia en la perforación de pozos cada vez más profundos. Es necesario modificar el modelo de inversión y gasto: no se trata de cuánto se invierte, sino de en qué se invierte y con qué visión.

Es urgente la implementación de políticas públicas para reducir fugas, implementar recarga artificial, regular concesiones, mejorar la medición y diversificar las fuentes de abastecimiento.

Saltillo enfrenta una crisis hídrica en proceso. La sostenibilidad dependerá de decisiones inmediatas.

Como afirmaba mi padre, don Fausto Destenave Mejía, el agua es el elemento esencial de la vida y sin ella no podemos sobrevivir. La responsabilidad en la administración del agua en Saltillo es trascendental: no puede haber improvisaciones ni desvíos de ningún tipo.

La planeación, las medidas preventivas y la visión de nuevas formas de captación y resguardo del vital líquido deben anteponerse a cualquier proyecto. Ejemplo de ello fue la construcción de la presa de gaviones al sur de la ciudad y las obras de captación en la sierra de Zapalinamé, que constituye nuestra principal área de recarga para los ya escasos mantos acuíferos.

La inversión hidráulica, particularmente en la red de agua potable, debe ser prioritaria. Las concesiones de explotación deben limitarse a las estrictamente viables, sin poner en riesgo la capacidad hídrica de nuestras fuentes. Asimismo, la ciudad debe contener el crecimiento de infraestructura que incremente la demanda de agua y adoptar medidas de prevención, incluso con mayor rigor en la sanción del desperdicio de este recurso vital.

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