La primera generación del Centro de Escritores de Saltillo concluyó su periodo con obras terminadas. Ahora se busca que un nuevo grupo forme parte de este proyecto.
Escribir es sostener un diálogo con amigos imaginarios: otros autores, posibles lectores y fantasmas personales. Es una búsqueda individual que abreva del mundo y de la imaginación. Ese diálogo se volvió real cada viernes de mayo a noviembre del año pasado gracias al Centro de Escritores de Saltillo (CES), creado por el Instituto Municipal de Cultura de Saltillo (IMCS) para profesionalizar a un grupo de autores locales.
La primera generación del CES —conformada por Alan Argüello, Ángeles Dimas, Rogelio de Jesús Cisneros, Natalia Cisneros, Christian Luna y el autor de este artículo— desarrolló disciplina y resistencia, estrategias para crear en medio del barullo cotidiano y un conocimiento cada vez más profundo de su propuesta literaria, con espacio para el misterio y hallazgos que a veces pasaban desapercibidos para el autor, pero no para el coordinador Jesús de León Montalvo, cuya dinámica de trabajo fue de una exigencia profesional que obligó a ver los textos con otros ojos, a burilar sin piedad cada enunciado, a adentrarse hasta el fondo del tema de tus poemas, ensayos, crónicas o novela; es decir, al fondo del corazón humano.
“Creo que lo más importante en este proceso sigue siendo no perder el ritmo —dijo en entrevista Ángeles Dimas, médico y poeta que trabajó el proyecto “Cada atardecer de mayo tus manos florecen”—. Había semanas que para mí de pronto sí resultaban muy abrumadoras en el trabajo y que sí me costaba un poco el salir de ese mood para entrar a la creación, al oficio, a sentarte a pensar qué vas a decir, cómo lo vas a decir, cómo quieres que suene, qué palabras te gustan para expresar lo que quieres”.
La historia del Centro de Escritores de Saltillo “fue como una maquinita o un engranaje perfecto, porque no hubo ningún problema”, señaló en entrevista Gabriela Romero Pinto, subdirectora del IMCS y encargada del área de Literatura. La idea del CES surgió en 2024 a raíz del éxito de las actividades literarias del Instituto y de la propuesta del escritor Julián Herbert, quien pugnó para que este organismo ofreciera becas a los autores. La directora del IMCS, Leticia Rodarte, estuvo de acuerdo, y a partir de entonces todo se fue acomodando hasta el lanzamiento de la convocatoria y la “graduación” de la primera generación con una lectura pública el pasado 26 de noviembre.
“Nos encantaría que este Centro de Escritores ya fuera permanente como lo es en la ciudad de Monterrey… Pretendemos que por lo menos en los tres años de administración del alcalde Javier Díaz este proyecto siga adelante”, dio a conocer Gabriela Romero.
Después de esta primera experiencia, Rogelio de Jesús Cisneros, psicoterapeuta de profesión que escribió el volumen de ensayos “El sueño de la casa”, recomendó a los nuevos aspirantes a enviar un proyecto acotado, con ideas claras. “Yo tenía una idea de lo que iba a ser al principio, y salió otra cosa a lo mejor no muy alejada, pero yo creo que hay que tener flexibilidad al cambio y tener como algo acotado. Y entender que el resultado final va a ser un borrador que a lo mejor iba a requerir mucho trabajo después de que concluya la beca”.
Ese fue el resultado de siete meses de sesiones semanales, entregando textos nuevos en cada sesión, leyendo en voz alta frente a colegas escritores y el tutor Jesús de León. Además de la gratificación económica haciendo algo que de todas formas uno hace de manera apasionada.

