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El privilegio de mandar

El acomodo de funcionarios en el primer informe de la presidenta Claudia Sheinbaum confirma quiénes importan realmente dentro del partido.

El primer informe de Claudia Sheinbaum no solo mostró los avances de su gobierno, fue una radiografía del nuevo orden al interior de Morena. En la primera fila del Zócalo se sentaron figuras como Luz Elena González, Citlalli Hernández, Édgar Amador, Ariadna Montiel, Rosa Icela Rodríguez y gobernadores como Maru Campos, Marina del Pilar, Layda Sansores o Clara Brugada, Manolo Jiménez, entre otros. 

Pero lo llamativo fue quiénes no estuvieron ni al frente, lo que reveló marginaciones políticas más que de logística. Destacaron las ausencias del secretario de Economía, Marcelo Ebrard, y del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, quienes no ocuparon los sitios de visibilidad que su rango sugeriría. También Luis María Alcalde, presidenta nacional de Morena, quedó en fila posterior, al igual que Andrés Manuel López Beltrán, hijo del expresidente, relegados después de ocupar espacios de luz mediática previa.

Varios rostros ligados al lopezobradorismo puro quedaron fuera del encuadre, marcando una transición silenciosa pero implacable. Sheinbaum envió un mensaje claro: el sexenio ya no es de gratitud, sino de control. Los viejos operadores, los que creyeron que el legado de AMLO los blindaba, hoy enfrentan el reacomodo cuando el poder cambia de manos.

Este acomodo deliberado apunta a que Sheinbaum no sólo está consolidando su autoridad, sino también definiendo quiénes importan realmente dentro del partido. Los que fueron enviados a las gradas traseras deben entender que el poder dentro de Morena ya no se mide solo por lealtad, sino por proximidad, obediencia y utilidad al nuevo eje presidencial. El mensaje es claro: el sitio en la primera fila no es un honor, es un privilegio condicionado.

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