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Inventado en México: ¿Estamos listos para vivir de nuestras ideas?

¿Qué tan preparado está el país para convertirse en una nación que no sólo consume y fabrica tecnología, sino que también crea, registra y vive de sus propias ideas?

Las herramientas tecnológicas han reducido las barreras para que una persona cree, produzca y distribuya una idea desde México, incluso nuestro país destaca en el Índice Mundial de Innovación 2025 entre las economías de América Latina y el Caribe. Para expertos en el tema vivimos en el “mejor momento para la humanidad para dedicarte a la innovación y a la creatividad” y hay datos que demuestran que la tecnología puede incrementar la productividad; pese a ello, dos de cada cinco personas que trabajan tiempo completo no tienen un ingreso suficiente para cubrir necesidades básicas de su familia y, cada año, nuestro país crea 29 mil nuevos empresarios precarios (dueños cuyos negocios no ganan lo suficiente para terminar la quincena). Convertir una idea y vivir de ella todavía depende de factores que van más allá del acceso a la tecnología; se trata de un problema estructural que abarca educación, propiedad intelectual, financiamiento, vinculación entre academia e industria, políticas públicas y mercado, entre otros.

Un smartphone y una computadora cuentan con la tecnología para que una persona pueda trabajar una idea creativa o “desarrollar tu aplicación en tu casa, publicarla y volverte un éxito en todo el mundo a través de los dispositivos móviles y de internet”, señaló en entrevista Ulises Valencia, director del Invaders Institute. “Estoy seguro que no ha habido un mejor momento para la humanidad para dedicarte a la innovación y a la creatividad que este”.

Esta idea encuentra respaldo en el Índice Mundial de Innovación (GII, por sus siglas en inglés) 2025 de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), una agencia especializada de las Naciones Unidas, en el cual México ocupa el lugar 58 de 139 economías, el tercero de América Latina y el Caribe y el décimo entre las economías de ingreso mediano alto. Este ranking es encabezado por Suiza, Suecia y Estados Unidos, y utiliza alrededor de 80 indicadores relacionados con instituciones, capital humano, infraestructura, sofisticación empresarial, conocimiento, tecnología y resultados creativos.

“Entonces, lo que se interpone entre el éxito y nuestro potencial es básicamente nuestras ganas, nuestra capacidad, nuestra disciplina por hacerlo realidad”, resaltó Ulises Valencia, y puntualizó algunas problemáticas que encuentra la innovación tecnológica y los emprendimientos, como “un tema de cultura”, porque “la realidad es que nuestra cultura digital se limita mucho al consumo”.

Capitalizar una idea o tener un emprendimiento a partir de la tecnología es algo complejo en nuestro país, pues las personas creativas enfrentan un marco regulatorio adverso para la propiedad intelectual, que en la práctica “no tiene nada que ver con la realidad en México, que es de una profunda indefensión de las personas que llevan a cabo un trabajo intelectual, un trabajo de creación tecnológica”, comentó en entrevista Gabriel Pérez Salazar, profesor investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Coahuila, cuyas líneas de investigación están centradas en innovaciones tecnológicas, comunicación e identidad.

“Tus ideas te pueden ayudar a tener un patrimonio mayor si sabes usarlas correctamente. Y uno de esos primeros pasos de usarla correctamente tiene que ver con registrarla”.

Ulises Valencia, director del Invaders Institute.

Para el catedrático de la UAdeC, “el problema es estructural”; es decir, a condiciones que se presentan de manera regular a lo largo del tiempo. La sociedad mexicana puede ser creativa —algo que también afirmó Ulises Valencia, del Invaders Institute—, pero el mecanismo para registrar patentes, ideas, emprendimientos tecnológicos o creativos es un problema. “Muchos creadores y muchos innovadores tecnológicos lo que hacen es registrarlo primero en Estados Unidos”, explicó Pérez Salazar. “Estamos hablando de una inversión fuerte que no cualquiera puede hacer y que no cualquiera tiene el respaldo para hacer. Entonces, el problema es terriblemente complejo”.

A esto se suma un entorno complicado para los emprendedores a nivel nacional. En el libro “No es normal” (2021), la politóloga y analista Viri Ríos documentó que cada año México generaba alrededor de 29 mil nuevos empresarios precarios, además de que dos de cada cinco personas que trabajan tiempo completo no tenían un ingreso suficiente para cubrir las necesidades básicas de su familia, que el 21 por ciento de los mexicanos con licenciatura vivían en pobreza, que incluso entre personas que técnicamente no eran pobres, el 10 por ciento reportaba pasar hambre o comer menos de lo necesario.

De acuerdo con la también académica, el éxito de un emprendimiento no radica en el hecho de que exista, sino que debe generar ingreso suficiente, productividad y posibilidades de crecimiento. En este sentido, datos del INEGI muestran que alrededor de 70 de cada 100 negocios que nacen en México no llegan a cumplir cinco años y que su esperanza de vida es de 7.7 años en promedio (“Conociendo México”, 2016). Además, entre 2019 y 2023 nacieron 1.7 millones de establecimientos y murieron 1.4 millones, mientras que en 2023 la tasa mensual de muertes todavía superaba a la de nacimientos a nivel nacional (Estudio sobre la Demografía de los Negocios, 2023). Hay que aclarar que estas cifras se refieren a negocios de distintos sectores y no podemos extrapolarlo exclusivamente a las startups o emprendimientos innovadores. Lo cierto es que al hablar de historias de éxito en negocios hablamos de supervivientes.

“Muchos creadores lo que hacen es registrarlo primero en Estados Unidos. Estamos hablando de una inversión fuerte que no cualquiera puede hacer”.

Gabriel Pérez Salazar, profesor investigador en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UAdeC.

¿Cómo podemos mejorar ese índice de supervivencia, sobre todo si hoy tenemos más herramientas para convertir una idea en un producto? 

Ulises Valencia, director de Invaders Institute, señaló que se debe fomentar la cultura de la propiedad intelectual (“El pensamiento, tus ideas te pueden ayudar a tener un patrimonio mayor si sabes usarlas correctamente. Y uno de esos primeros pasos de usarla correctamente tiene que ver con registrarla”), la cultura del esfuerzo (“que se contrapone a la tendencia actual de la inmediatez. La cosa es que hay que ser pacientes y hay que llevar a cabo el proceso”) y políticas públicas y facilidades fiscales que impulsen a los emprendedores y creativos.

A este impulso y a una reestructura de los mecanismos de propiedad intelectual, Gabriel Pérez Salazar, profesor investigador de la UAdeC, agregó una combinación del fomento de la creatividad de los hijos desde pequeños (“En primer lugar una familia que le apoya, que le alienta; a lo mejor no le pueden apoyar económicamente, pero no le dicen que está soñando nada más”), las ideas originales (“distinguirse del resto de las personas que están hablando lo mismo o del resto de los servicios”) y vocación emprendedora.

Con todo lo anterior, ¿estamos listos para vivir de nuestras ideas? Seguramente habrá afirmaciones que se sustenten en casos de éxito. Y por cada uno de estos habrá decenas que no lo lograron. Eso es algo que no hay que olvidar, porque cuando ocurre —en palabras de Gabriel Pérez— “es realmente heroico, porque están luchando contra todo esto que hemos mencionado”.

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