Quién es el villano de este cuento? ¿Es la pobreza laboral de salarios que no crecen a la par del costo de vida? ¿La ambición desmedida del sector inmobiliario? ¿Acaso falta una ley de vivienda?
La vida nos dice que naces, creces, formas una familia, compras una casita y eres feliz para siempre.
Pero lo que antes era posible en cuanto a comprar una vivienda como nosotros la imaginamos, hoy parece que podría quedar solo en nuestros sueños.
Si bien las nuevas generaciones nos esforzamos por obtener mayores ingresos mezclando actividades productivas como empleados y emprendedores, aun así no nos alcanza.
Todo sube de precio menos los salarios. Por ejemplo, tan solo en el 2025 las viviendas tuvieron un incremento del 8 por ciento en sus costos de enero a marzo en la región Sureste de Coahuila. A ese paso ni quién los alcance y menos si no hay nadie que tope o regule los precios. Si a eso le sumamos que para comprar una vivienda de un costo promedio de un millón y medio, tu capacidad de ingreso mensual tendría que ser de 25 mil a 30 mil pesos mensuales, pues estamos fritos, ya que ni la mitad de la población tiene acceso a ese sueldo promedio
Por si fuera poco, hablemos de los créditos hipotecarios que no son accesibles para todos. Es importante analizar qué es lo que no se está haciendo para que podamos acceder a algo tan justo, digno y básico como una vivienda.
¿Quién es el villano de este cuento? ¿Es la pobreza laboral de salarios que no crecen a la par del costo de vida? ¿La ambición desmedida del sector inmobiliario? ¿Acaso falta una ley de vivienda que flexibilice el acceso a un crédito de vivienda?
Tal vez la respuesta son las tres. Urge una reforma de ley de acceso a la vivienda que nos permita crear un patrimonio que no solo exista en nuestros sueños.
