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La reliquia: Un platillo de fe y gratitud

Esta comida tradicional de la Laguna consta de asado de puerco y siete sopas, pero en realidad es una mezcla de aspectos gastronómicos, religiosos y filantrópicos que la hacen única.

Cocinar puede ser un acto de amor, una obligación, un trabajo, una monserga o un arte, pero también es una manera de dar y agradecer. Esto último es fundamental para entender por qué la reliquia lagunera no solo es un platillo de asado y siete sopas de pasta, sino que se trata de una institución social que tiene su parte gastronómica unida a la creencia religiosa y la filantropía. La reliquia no se compra ni se vende. La reliquia se reparte.

La reliquia es una celebración anual de la fe que tienen algunas personas católicas por San Judas Tadeo, la Virgen de Guadalupe, Cristo Rey o algún otro santo o advocación mariana. “No es solo comida. Siempre va acompañada de un acto litúrgico en familia o en pequeña comunidad de familiares y vecinos e invitados… Una vez terminado el rezo, se procede a la distribución”, de acuerdo con el historiador Sergio Antonio Corona Páez en el artículo “La reliquia y las siete virtudes”.

La reliquia se distribuye entre los asistentes al rosario, familiares, vecinos y cualquier persona que pase por ahí.

Regularmente acude una danza de matachines al domicilio (casa o negocio) donde se ofrece la reliquia. Después del rosario, la familia reparte la comida a los invitados y a las personas que van con recipientes para llevarlos a su casa o comer ahí. Simplemente se da sin recibir, como una forma bíblica de dar de comer al hambriento, una actividad altamente valorada por los primeros cristianos, como consta en el Evangelio de Mateo (25:35).

“El día de San Juditas, que es el 28 de octubre, procuramos ponerle su danza, hacerle su reliquia como debe de ser —dijo en entrevista Felipe Arámbula, dueño del taller de Maquinados Especiales y Servicios Industriales (MESI), en el ejido Virginias, municipio de Francisco I. Madero, Coahuila—. Compartimos con la gente que pasa por aquí por el taller, la gente del ejido, familiares, hasta donde nos alcance”.

Altar a San Judas Tadeo en el taller MESI, de Felipe Arámbula, donde se ofrenda reliquia en honor al santo. Fotografía: Cortesía

En la reliquia del señor Felipe participan su familia y los empleados del taller (trabajadores, administrativos, mensajeros) en las distintas tareas, desde matar al marrano hasta cocinar el guiso de asado rojo y las sopas secas (fideo, letras, almeja, semilla de melón, estrellas, entre otras).

Involucrar a la familia es parte de la tradición. Alejandro Mora Sosa, peluquero y devoto de San Judas Tadeo, recordó en entrevista que desde que era niño su abuela mandaba a los nietos a realizar alguna labor relacionada con la reliquia, y las tías también ayudaban. Ahora, ya como adulto, él continuó con la tradición en la que participan su esposa y su suegra, aunque no compartan la misma fe.

“Hace cinco o seis años que me hice devoto o, se puede decir, lo hice como mi santo, mi socio, mi patrón, como le digo —compartió Alejandro—. Gracias a él vamos avanzando en los proyectos, en todo lo que uno pide en esta vida. Me ha ido bien gracias a Dios y a él, y por eso es mi devoción hacia él”.

La peluquería de Alejandro Mora celebra y agradece a San Judas Tadeo. Fotografía: Cortesía

Alimento para el alma y el cuerpo

Si la fe mueve montañas, ¿puede dar de comer más de 100 kilos de cerdo o alimentar a más de 300 personas en un día por el gusto de dar sin recibir? ¿Por qué personas como Felipe Arámbula y Alejandro Mora hacen una vez al año una fiesta al santo en el que creen e invitan a la comunidad?

“Es una forma de agradecimiento al santo patrón por lo que nos ha brindado en todo lo que es el año. Gracias a Dios y al santo hemos sido bendecidos en todo el año”, comentó Felipe.

Muchas veces acude una danza de matachines al domicilio donde se ofrece la reliquia.

“Él no te pide: ‘Ah, gástate millones en hacerme reliquia’… Cada uno hace sus necesidades y lo que tiene. Pero es un agradecimiento hacia él más que nada —señaló Alejandro—. Pero se siente muy bonito dar sin recibir. Lo hago con agradecimiento a alguien que me está echando la mano todo el año”.

Pareciera que la comida que Felipe, Alejandro, sus familias y empleados dan los alimentara a ellos de una forma espiritual, lo cual resuena con el significado simbólico de la reliquia: “La carne representa el alimento del cuerpo; y las sopas, el alimento del alma —según el artículo citado del historiador Sergio Antonio Corona Páez—. Al parecer, cada una de estas sopas representa la voluntad de prometer al santo, el ejercicio de las siete virtudes opuestas a los pecados capitales: La humildad, contra la soberbia; la generosidad, contra la avaricia; la castidad, contra la lujuria; la paciencia, contra la ira; la templanza, contra la gula; la caridad, contra la envidia; la diligencia, contra la pereza”.

La reliquia es un platillo tradicional de la Laguna que también se puede comer en lonche.

Coloquialmente se ve a la reliquia solo como un platillo para degustar con un pan francés o tortillas, pero en el sentido profundo se puede ver como una devoción que se desborda como una fuente. Eso tiene que ver con la gratitud, una lección que se puede aplicar sin importar la fe que cada uno practique.

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