A veces entre las ideas guajiras y la premura se aprueban leyes “cuchillo”. ¿Son para hacer daño? ¡Claro que no! Son para bien del pueblo bueno, pero ¿pueden hacer daño? Sí.
¿Han escuchado la teoría del cuchillo? Básicamente es: la función del cuchillo no es matar a un ser humano, pero pueden usarlo para ello. ¿Es para cazar? ¿Es para alimentarnos? Sí, pero ¿puede usarse de una manera incorrecta y evidentemente ilegal? También.
Desde hace años hemos visto cómo el Ejecutivo y el Poder Legislativo han modificado las leyes con el estandarte de una transformación que beneficie a la sociedad, aunque a veces entre las ideas guajiras y la premura se aprueben leyes “cuchillo”. ¿Son para hacer daño? ¡Claro que no! Son para bien del pueblo bueno, pero ¿pueden hacer daño? Sí, pero no lo van a hacer… no es una garantía, es una promesa de que “amor, con amor se paga”.
La nueva Ley de Telecomunicaciones, entre otros aspectos, avala el intervenir datos personales por y para seguridad de los ciudadanos. Lo que nuestros gobernantes esperan es que a través de ese espionaje legal, puedan acabar con la organización criminal y con redes de corrupción. Sin embargo, aplicando la teoría del cuchillo, hay quienes terminan en la cuerda floja y a merced de la empatía y consideración del gobierno.
Activistas de los derechos humanos, periodistas, políticos de oposición… si resultan ser un riesgo para la seguridad nacional, podrán ser intervenidos. Esto quiere decir que las autoridades (y sus amistades o aliados) podrán saber dónde están, qué hacen, dónde compran, a dónde viajan, dónde estudian sus hijos.
Podremos tener toda la fe de una señora miembro de la Adoración Nocturna, pero la realidad es que en un país que es un riesgo ser activista, oposición o periodista. Pedirnos que confiemos en que esta ley no la van a usar para mal, es pasarse de… ingenuo.
