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Lo primero es importante

En todo proceso existen responsabilidades que hay que cumplir. Por ello es necesario organizar, actuar y evaluar, para no caer en actitudes dañinas y generar crisis.

Cuando dejamos algo para realizarlo más tarde, cuando retrasamos o diferimos las cosas, se corre el riesgo de caer en un hábito de conducta improductiva.

Hay veces que nos pasamos diciendo “lo dejamos para después” —precisamente retrasar algo—. Ocasionalmente, puede ser necesario hacer esto en lugar de realizarlo en el tiempo preparado. ¿Cómo medir los resultados?

Posponer o demorar es hacer a un lado lo que es indispensable. Lo contrario consiste en hacer todo aquello en una secuencia de acciones y prioridades. En un momento postergamos actividades difíciles o complejas. Bajo algunas circunstancias se puede volver un problema habitual, lo que desencadena actitudes ineficaces o dañinas, como llegar tarde a los compromisos, hacer las cosas fuera de tiempo o extemporáneas.

En todo proceso existen obligaciones, responsabilidades que hay que cumplir; omitir dichas gestiones —actuar o no hacerlo— se puede convertir en incomodidad, y tarde o temprano perturbará nuestro entorno. Salvar estos inconvenientes es la puesta en acción.

Stephen R. Covey explica en su libro “Primero lo primero” que es importante concluir lo pendiente, organizar, actuar y evaluar. Dar valor a cualquiera tarea no se reduce a lo que realizamos en ella, también aporta lo que aprendemos y lo que se convierte en una consecuencia.

Un cambio no radica en efectuar más tareas en menos tiempo, sino en realizar lo importante de forma efectiva, equilibrada y sinérgica; es decir, trabajar menos y rendir más, convertirnos en más productivos.

Todo reflejo externo es, en última instancia, un factor de lo que se realiza en forma anónima; es decir, las tareas silenciosas. A menudo caemos en la rutina y la monotonía, atrapados en hábitos y debilidades que no son alentadores.

Seguimos haciendo las mismas cosas, días tras día, repetimos los mismos errores, no aprendemos de la realidad. Es necesario responder a la pregunta: ¿Desempeñar la actividad con excelencia y sin pausas se refleja en importantes resultados en el ámbito profesional? Esto significa una diferencia primordial. ¿Por qué no se efectúan en su momento?

Enfocar los periodos de importancia y de urgencia es anticiparnos en planear, preparar y clarificar objetivos. En ese momento crece nuestra capacidad de actuar. Al invertir el tiempo real en lo importante, impedimos que muchas situaciones se vuelvan urgentes, evitando una eventualidad de crisis o estrés, problemas que ocasionan agotamiento físico y mental.

Anticiparnos sirve de enlace entre lo que hay que hacer y el momento presente, es un círculo de crecimiento. La función compartida y la responsabilidad aceptada permiten relacionar las oportunidades en beneficios y no en problemas continuos.

La mejor parte de desarrollar rendimiento es aportar para mejorar, crear una atmósfera donde se establezca una tarea determinada para poder alcanzarla y terminarla.

Avanzar implica descartar lo urgente y trabajar en lo importante. Cuando empezamos a cumplir promesas y mantenerlas, da sentido a la calidad, buscando lo mejor en el presente como en el futuro.

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