El caso de Osmar, estudiante de 15 años que asesinó a balazos a dos profesoras, causó conmoción a nivel nacional.
Las y los maestros ya no son respetados, son violentados.
Los estudiantes, empoderados por sus padres o, bien, afectados por las redes sociales, insultan y agreden físicamente a quienes los tratan de educar desde un salón de clases.
En Coahuila, cuatro de cada diez maestros o maestras han sufrido de agresiones de todo tipo por parte de sus propios alumnos, escenario antes inimaginable y ahora normalizado.
Pero en Michoacán sucedió lo peor.
Osmar, estudiante de 15 años de la escuela Anton Makarenko, en el municipio de Lázaro Cárdenas, asesinó a balazos a dos maestras: Martha del Rosario de 36 años y Tatiana Bedolla de 37.
No traía su guitarra en su funda, sino un fusil semiautomático AR-15 que descargó contra sus maestras que estaban a la entrada de su escuela privada.
Un día antes, subió un video a redes sociales, donde aparecía con el arma y se ufanaba de ser parte de una comunidad mundial que se caracteriza por estar en contra de la mujer y de sentirse apto para la convivencia.
Osmar fue capturado por la policía, y sus padres declararon desconocer sus intenciones asesinas y la procedencia del arma, aunque su padrastro trabaja en la Secretaría de la Marina.
En los estudios que se le practicaron se descartó que haya estado drogado al momento de matar a sus maestras o bajo los influjos del alcohol. De acuerdo con el Código Penal de Michoacán, la pena máxima por asesinato para un menor de edad será de tan solo tres años de cárcel.
En tanto, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla informó que enviará una iniciativa de ley para que se reforme el Código Penal y aumente la sanción hacia las y los menores de edad que lleguen a cometer asesinatos, con tales agravantes.
La Secretaría de Educación Pública (SEP) informó que los tipos de violencia contra las y los maestros más frecuentes son insultos verbales, golpes, empujones, amenazas de muerte, creación de stickers sexuales y acoso en redes sociales.
Los principales agresores son alumnos de secundaria y preparatoria, así como padres de familia que salen en defensa de sus hijos.
Todo lo anterior ha ocasionado que las escuelas públicas y los colegios, en su gran mayoría, se han convertido en escenarios de violencia y de conflicto.
Y la tendencia no bajará mientras los padres de familia trasladen su obligación formativa hacia las y los maestros y hagan a un lado la promoción de los valores y el respeto hacia los profesionales del proceso-aprendizaje, hoy más preocupados por no ser víctimas, que por cumplir sus objetivos de calidad educativa.

