Icono del sitio RCG Media Magazine

Marjane Satrapi, símbolo de la lucha por los derechos de las mujeres iraníes

La ilustradora y cineasta falleció el 4 de junio pasado, dejando como legado obras que invitan a defender la dignidad y a construir un mundo más justo.

Marjane Satrapi murió sin ver a sus compatriotas libres. La ilustradora y cineasta iraní falleció el pasado 4 de junio en París, donde vivía como exiliada tras abandonar su país por el auge del régimen de los ayatolas.

Su deceso, según su familia a causa de tristeza tras el fallecimiento de su esposo, deja a las mujeres iraníes en el abandono, pues desde el exilio Satrapi se convirtió en una de las voces más críticas y firmes contra el autoritarismo en su país.

Marjane Satrapi, ilustradora y cineasta iraní, falleció el pasado 4 de junio en París.

La autora ganó reconocimiento internacional con su novela gráfica “Persépolis”, publicada entre los años 2000 y 2003 en la que narra desde la visión de una niña, ella misma, la Revolución Islámica y el ascenso del régimen de los ayatolas que han gobernado Irán desde 1979.

La obra tuvo una adaptación cinematográfica en 2007 que le permitió llegar a un público mayor. Sin embargo, el activismo de Satrapi no se limitó a estos proyectos. Con “Bordados”, “Pollo con Ciruelas” y “Mujer, Vida y Libertad”, la autora reafirma sus posturas políticas a favor de los derechos humanos.

La novela gráfica «Persépolis», de Marjane Satrapi, ganó reconocimiento internacional.

Satrapi tenía claro que para defender a los derechos humanos se debía señalar a quienes los violentaban, algo que hacía cada vez que tomaba la palabra. En 2024 se le concedió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades, máximo galardón que otorga la corona española. En la ceremonia, la autora aprovechó para cuestionar lo que implica el ser humano. Inició su discurso señalando que entre los mamíferos: “El hombre es el único que mata a su hembra. Y calificamos ese acto como bestial, siendo así que ninguna otra bestia, fuera de nosotros, lo comete. Eso es la humanidad”.

La autora continuó cuestionando por qué la educación no está construyendo sociedades menos violentas ante la evidente incomodidad de los asistentes, entre los que se encontraba la familia real de España. 

Así era ella, elocuente, directa y muchas veces incómoda, siempre invitando al cuestionamiento más que a dar respuestas complacientes.

Satrapi estaba convencida que por encima de los gobiernos, debía protegerse a la gente.

Apenas el año pasado el Gobierno francés anunció que le otorgaría la Legión de Honor, la máxima condecoración que otorga. Satrapi rechazó el reconocimiento. “No puedo ignorar lo que me parece una actitud hipócrita de Francia con Irán”, alegó en una carta abierta, en la que criticó las restricciones para que perseguidos políticos pudieran ingresar como refugiados a Francia mientras los oligarcas iraníes sí tenían acceso al territorio.

La artista lo tenía claro: por encima de los gobiernos, debía protegerse a la gente, por lo que también fue crítica con los movimientos que se decían proiraníes, pero solo respaldaban al régimen de los ayatolas, siendo omisos a los abusos contra la población, en particular contra las mujeres.

Satrapi ya no está con nosotros, pero sus obras permanecen y han llegado a miles de personas, en particular a los jóvenes a través del formato de la novela gráfica, sembrando el ideal de construir sociedades más justas y menos violentas para todos.

Salir de la versión móvil