La pasión por volar y andar por las nubes se convirtió en su trabajo. Carlos Alberto Porter comparte el ‘plan de vuelo’ que ha recorrido hasta convertirse en uno de los más pilotos más experimentados en el aeropuerto Plan de Guadalupe.
Desde temprana edad tenía trazado su “plan de vuelo”. Carlos Alberto Porter Cabrera apuntaba su destino hacia las nubes. “Desde la primaria o el kínder, ya sabía que quería ser piloto”, dijo en entrevista exclusiva para RCG Media Magazine. Habló de su trayectoria, que se mide en miles de millas, horas, distintas aeronaves, condecoraciones y una familia unida.
Con más de 15 mil horas de vuelo en más de tres décadas en el aire, es uno de los pilotos más experimentados que aterrizan en el aeropuerto Plan de Guadalupe de Ramos Arizpe.
Porter nació en la Ciudad de México en 1973, pero en la década de los 80 su familia cambió de residencia a Saltillo, donde cursó la secundaria y la preparatoria. Después continuó sus estudios profesionales fuera del país.
Estudió Aviación en Brownsville, Texas. Se graduó de piloto privado. La Federal Aviation Administration (FAA) le otorgó la licencia de piloto comercial.
“Es un trabajo tan bonito, que anda uno, literal, en las nubes y aparte me pagan”.
Carlos Alberto Porter Cabrera, piloto.
Hawker 750, Lear Jet, Falcon y Boeing 737 son algunos de los aparatos que ha pilotado Carlos Alberto, quien trabajó para artistas reconocidos, empresarios prestigiosos, líneas comerciales y ambulancias aéreas.
“El dar servicio y hacer un traslado con personas de salud crítica me ha marcado, me ha llevado a tener una gran satisfacción”, dijo.
En 2017 Carlos Alberto Porter recibió el mayor reconocimiento al que puede aspirar un piloto mexicano. Las autoridades federales lo condecoraron con la Medalla Emilio Carranza.
“Esto lo hace la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Tuve la fortuna de recibir ese reconocimiento y fue muy satisfactorio, me acompañó mi familia a recibirlo”, comentó.
Su pasión por volar y la responsabilidad de su trabajo han tenido un alto costo para Porter y su familia. Su esposa Linda y sus hijos lo consideran como un esposo y padre amoroso aunque el piloto ha sacrificado en incontables ocasiones pasar días festivos y cumpleaños a lado de las personas que tanto ama.
“Al principio fue complejo, pero después nos fuimos acoplando. Es un trabajo tan bonito que anda uno, literal, en las nubes y a parte me pagan”.
Cuando eran pequeños, sus hijos mayores comentaron que querían seguir sus pasos, pero con el tiempo eligieron otra carrera, Carlos, el más pequeño, también afirma que será piloto como su padre, además le apasiona el futbol y le gustaría ser profesional en este deporte.
En la actualidad, el capitán Carlos Alberto Porter vuela un Hawker 750 de nueve plazas, un aparato con una autonomía de 2 mil millas náuticas del empresario Don Roberto C. González.

