Colgados de figuras nacionales, Morena en Coahuila sucumbió en su realidad: incapacidad, divisiones, intereses personales, flojera y fingidera de talento en redes sociales.
Conforme transcurre el tiempo, su imagen deslavada refleja su verdadero peso con el 16 a cero que le propinó la alianza PRI-UDC en las elecciones de diputados locales. Voltear a ver culpables es rehuir a la reflexión sensata que arrojaría su realidad en Coahuila: no dan resultados porque no saben trabajar.
Y trabajar significa establecer propuestas serias hacia demandas sociales. Por el contrario, durante el tiempo no electoral, la flojera les gana, se muestran pasivos y llamar la atención se reduce a denuncias públicas sin propuestas y narrativas propias en redes sociales.
Más parecen influencers que políticos, y eso y nada es nada. Hoy, después del carro completo que les recetaron, su enfoque se concentra en quién será el nuevo dirigente estatal, quiénes serían las y los candidatos a alcaldes y a diputados federales en la elección del domingo 6 de junio del año que entra.
Y de trabajo en los barrios y en colonias, cero. Pasada la elección, siguen con la ausencia de trabajo político. Lo que cuesta, les cuesta mucho. Y esa característica también se extiende a la dirigencia nacional que dejaron el tal Andy López Beltrán y Luisa María Alcalde.
La derrota de Coahuila, junto a Durango y a Veracruz también se le adjudica a esa pareja de jóvenes políticos incapaces, pero sobresaltados en su capacidad por su cercanía con el expresidente de las mentiras, de la corrupción y de la incapacidad, Andrés Manuel López Obrador.
Ahora, Ariadna Montiel —la nueva dirigente— tiene a cuestas mantener 12 de las 17 gubernaturas en juego y, en Coahuila, revivir al muerto. Fallecido por una eterna calentura de pleitos y la enfermedad mental recurrente de caer en la cómoda posición de victimizarse y de echar culpas, entre ellos mismos y hacia el exterior.
Un trastorno de la personalidad que los aqueja de manera permanente y sin indicios de desaparecer. La improvisación cuesta muy cara en el quehacer del ejercicio de la política, y en Morena ese es el común denominador.
Sus afanes se concentran en subirse en la ola nacional que, con el tiempo, se va desinflando en medio de escándalos por los nuevos ricos, los narcopolíticos, el huachicol fiscal, la carestía de la vida y la inseguridad alarmante en los estados que gobierna Morena.
¿De dónde colgarse ahora? De nada y eso significa caer cada vez más al profundo precipicio originado por la inconformidad social que se mostró de manera contundente en Coahuila y que se sublima en todo el país.
Revivir al muerto parece algo imposible y se siente con el retorno de la derecha y el descrédito de los gobiernos populistas de izquierda. Como en Colombia, el más reciente país donde los ciudadanos decepcionados con el gobierno de izquierda eligieron al presidente derechista Abelardo de la Espriella.

