Es una enfermedad vírica contagiosa y grave, que puede causar la muerte, pero se puede prevenir de manera eficaz con la vacuna.
El sarampión tiene sus orígenes desde el siglo X d. C. cuando el médico persa Rhazes lo distinguió de la viruela. Llegó a América de Europa en el siglo XVI, apareció en México entre 1532-1534. Fue en 1954 que Enders y Peebles lograron aislar el virus, abriendo la posibilidad para la vacuna, la cual se introdujo en 1963. Una década antes de esto, casi todos los niños contraían sarampión para cuando tenían 15 años.
En el periodo de 53 años entre 1922 a 1974 se registraron en la República mexicana 468 mil defunciones por sarampión, con promedio anual de 8 mil 842 muertes y tasa anual medio de 38.6 por 100 mil habitantes. Los grupos más afectados siempre son los niños de 1 a 4 años, seguidos por los de 6 a 12 meses y posteriormente los escolares de 5 a 14 años.
La palabra sarampión viene del latín tardío sirimpio, -onis, que a su vez deriva de sinapionem, relacionada con sinapi (mostaza), que hace referencia a las pequeñas pápulas o granitos rojos que aparecen en la piel, similares a semillas de mostaza.
El sarampión es una enfermedad vírica sumamente contagiosa y grave, se transmite por aire y puede causar complicaciones graves, incluso la muerte. Tenemos una vacuna segura y eficaz, y aun así se estima que en el 2024 hubo 95 mil muertes por sarampión en todo el mundo, la mayoría niños de menos de 5 años por no estar vacunados. Los signos y síntomas suelen aparecer entre 10 y 14 días posteriores a la exposición. Los primeros son rinorrea (secreción nasal), tos, ojos llorosos, pequeñas manchas blancas en la cara interna de la mejillas, y suelen durar entre cuatro y siete días. Después, la erupción cutánea comienza a partir del día siete en rostro y cuello superior, y se extiende durante unos tres días hasta alcanzar manos y pies; dura de 7 a 18 días y desaparece.
La mayor parte de las muertes por sarampión se debe a complicaciones: ceguera, encefalitis (infección cerebral con inflamación y daño cerebral), diarrea intensa, infecciones del oído, problemas respiratorios como neumonía. Las complicaciones más graves son en niños de menos de 5 años y adultos mayores de 30 años.
La vacunación comunitaria es la forma más eficaz de prevenir el sarampión y debería extenderse a todos los niños. La vacuna es segura, eficaz y de bajo costo. Para garantizar la inmunidad hay que administrar dos dosis a los niños, por lo general donde el sarampión es frecuente, la primera dosis se administra a los 12 meses, y la dosis de refuerzo a los 6 años, siendo este esquema el actual en México con la vacuna triple viral SRP (sarampión, rubéola, parotiditis).
La población de 6 a 11 meses: una dosis en brotes, que no cuenta para esquema, al cumplir año de edad revacunar con un intervalo de al menos 28 días entre ambas.
Población de 1 a 5 años: con antecedente vacunal: aplicar una dosis de SRP y la siguiente cuando cumpla 6 años.
La población de 6 a 9 años de edad con dos dosis de vacuna (esquema completo) no se requiere antes de viajar, con esquema incompleto de SRP (cuenta con solo 1 dosis) deben recibir la dosis faltante. Si no tienen ninguna, deberán recibir dos dosis con intervalo de cuatro a ocho semanas entre ambas dosis.
Población de 10 y más años: con dos dosis, no es necesaria; sin antecedente de vacunación, recibir dos dosis de SR (doble viral) con intervalo de cuatro a ocho semanas.
Recibir dos dosis de SRP (sarampión, rubéola, parotiditis) representa casi el 100 por ciento de efectividad en la prevención del sarampión.
Ninguna vacuna deberá ser aplicada a embarazadas o con duda de embarazo.
En la actualidad, por los brotes se están realizando campañas de vacunación masiva. Comprendamos que es necesario para disminuir la mortalidad. Los anticuerpos contra sarampión comienzan a detectarse entre 10 y 14 días postvacunación, alcanzando su máximo a las tres o seis semanas. Así que cuidemos a los nuestros y chequemos nuestros esquemas de vacunación.

