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Se apaga la Casa del Migrante

La falta de recursos pone en riesgo la labor que brinda a las personas que pasan por nuestro país en busca del Sueño Americano.

Socorro Ortiz vio morir a su esposo Joaquín y a su hermano Dolmo.

Guatemalteca, recuerda aquella noche en territorio chiapaneco y no se le olvida. Su esposo cayó del tren y murió en forma instantánea, dos días después falleció Dolmo por los golpes y el cuchillazo en el estómago que recibió en un pleito con dos delincuentes, también en Chiapas.

Ella llegó a Saltillo casi muriendo de desnutrición y de tifoidea, pero salió adelante gracias al apoyo que recibió en la Casa del Migrante de Saltillo, que por falta de dinero se encuentra condenada a desaparecer el próximo mes de julio.

Cada día llegan en promedio entre 50 y 70 migrantes, con hambre y sed y sin un lugar donde dormir, para agarrar fuerzas y seguir hacia la frontera con miras a cumplir el Sueño Americano, a costa de su vida en trayectos desde Guatemala, El Salvador o Nicaragua, donde la extrema pobreza los expulsa.

La Casa del Migrante de Saltillo requiere de donaciones por unos diez millones de pesos para atender a casi nueve mil migrantes.

Entrar a los Estados Unidos es su objetivo, pero la mayoría al no poder alcanzarlo se queda a vivir y a buscar empleo en Piedras Negras, Acuña o algún municipio de Coahuila.

Los migrantes no solo afrontan los riesgos de caer o de ser atropellados y morir por el tren, conocido como La Bestia, sino también de ser secuestrados y enfilados al crimen organizado, donde les espera la muerte.

En el 2003, luego de fundar la Casa del Migrante en Ciudad Acuña, llegó a Saltillo el padre Pedro Pantoja, originario de San Pedro del Gallo, Durango, con estudios en psicología y en sociología en México y en Francia.

Fundó la Casa del Migrante, donde, con sentido humanitario y de protección a los derechos humanos, brinda apoyo a niñas, niños, jóvenes, hombres y mujeres que hicieron un alto en su camino hacia los Estados Unidos y reciben comida y estancia gratuita.

El padre Pedro Pantoja, fundador de la Casa del Migrante de Saltillo y de Ciudad Acuña, luchó por los derechos de la población migrante que cruza por México hacia Estados Unidos.

Por desgracia, el 18 de diciembre del 2020, el padre Pedro Pantoja murió víctima de covid a los 76 años de edad. Su muerte dejó en el aire a la Casa del Migrante que hoy solo tiene recursos económicos para mantenerse abierta hasta julio.

Alberto Xicoténcatl Carrasco, director de la Casa del Migrante y quien acompañó siempre al padre Pedro Pantoja, explicó que, al año, la Casa del Migrante requiere de donaciones por unos diez millones de pesos para atender a casi nueve mil migrantes.

En la actualidad y debido, entre otros factores, a la política antiinmigrante del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, las donaciones se acabaron allá y aquí en México.

En consecuencia, han cerrado ya casas del migrante en el sur, centro y norte del país.

La Casa del Migrante de Saltillo tendrá que cerrar en julio porque ya no tiene dinero, puntualizó Xicoténcatl Carrasco, al hacer un llamado a los gobiernos federal, estatal y municipal y a las agrupaciones privadas, para salvarla.

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