Subidas, bajadas, vueltas y caídas; esa es la rueda de la vida cotidiana, pero en bicicleta hay una constante: tu pedaleo genera energía y felicidad.
Existe un lugar en la ciudad al que no se puede llegar en carro. Y no porque no haya un camino pavimentado o porque se encuentre en un área prohibida. No se necesita velocidad o potencia, ni un vehículo todo terreno ni compacto ni de gran tamaño. Es un territorio reservado para quienes vuelan con los pies: las personas que usan bicicleta.
Si detienes a un ciclista en la calle y le preguntas cómo llegar a ese lugar, estarías haciendo la pregunta equivocada. Lo más seguro es preguntar: ¿qué sientes cuando andas en bicicleta? La mayoría de las veces la respuesta será “libertad” y “felicidad”. Incluso a un lado del tráfico a hora pico, naufragando entre el rugido de los carros, terminando la jornada laboral en la obra o la oficina, después de un mal día, devorado por el estrés o impulsado por una pequeña alegría, solo o en grupo, una persona en bicicleta encuentra libertad en su trayecto.
Esa fue la respuesta de uno de cada tres ciclistas (36 por ciento) encuestados por los equipos de Trascender Saltillo y Ruedas Rebeldes, así como por un grupo de voluntarios, como parte del Conteo Ciclista Saltillo 2024 de Estrategia Misión Cero, el cual también reveló que el 50 por ciento se siente inseguro rodando en las calles de la ciudad. Otras emociones positivas fueron felicidad (22.1 por ciento) y relajación (25.2 por ciento). ¿Por qué una persona en bici puede sentir libertad y felicidad en medio de un entorno tan inseguro que le puede costar la vida?
“Los beneficios de utilizar la bicicleta son más que incluso los miedos —señaló en entrevista Berenice de la Peña, psicoterapeuta de Altra, Centro de Psicoterapia—. Las personas que han vuelto a usar la bicicleta después de un accidente o de alguna situación complicada, es justamente porque han encontrado en ella muchas más respuestas que no utilizándola”.
La química de la felicidad
Usar el cuerpo como medio de propulsión es la clave para encontrar libertad y felicidad sobre calles hostiles, bajo el solazo, la lluvia o el frío, desafiando subidas o con el aire en contra. Esta afirmación no es un acto de fe, es ciencia: “esta actividad física favorece, sobre todo, la liberación de las endorfinas, la dopamina, la serotonina, que son todas las ‘inas’ que nos hacen tener la dicha en la vida”, explicó la psicóloga De la Peña.
Los neurotransmisores “nos ayudan a encontrar un equilibrio, una regulación para el estrés, para la ansiedad, para algunas situaciones de tristeza profunda. Nos ayuda, obviamente, a reanimar la vida, reanimar el cuerpo a partir de lo físico”.
Con esta explicación cobra mayor sentido la famosa frase de Albert Einstein: “La vida es como un paseo en bicicleta, para conservar el equilibrio es necesario mantenerse en movimiento”.
Un ciclista, bajo el influjo de este coctel de químicos que generan euforia y reducen estrés, no vive en una burbuja de fantasía, desconectado de su entorno; por el contrario, su esfuerzo y el vehículo refuerzan la conexión con la ciudad o el camino por donde avanza.
En entrevistas hechas por el equipo de Ruedas Rebeldes en las calles de Saltillo (disponibles en su sitio web y redes sociales) es común que las personas que usan bicicleta como parte de su vida diaria cuenten cómo andar en bici les ha ayudado en momentos de depresión, ansiedad, estrés; incluso después de haber sido atropellados o haber sufrido un accidente que los dejó incapacitados temporalmente, uno de sus pensamientos recurrentes es volver a rodar.
El riesgo sería cuando esa sensación de libertad con la cara al viento que parece llevarse las tristezas se quiere convertir en el sustito de acompañamiento profesional. “Te subes a la bici y las emociones se acomodan —señaló la psicoterapeuta Berenice de la Peña—. Pero hay personas que a través del ciclismo o de algún otro deporte evitan ponerse en contacto con sus emociones, porque van buscando la situación placentera, evitando tomar decisiones o evitando ver de frente a los problemas. Ahí se pudiera originar una situación delicada”.
De la ansiedad al secreto de la vida
Aquel lugar reservado para los que vuelan con los pies es, en realidad, de libre acceso para todos los que deciden bajarse del coche, ya sea por necesidad, costumbre, deporte, hobby o porque han descubierto un mundo distinto en las mismas calles de la ciudad, en los senderos de la montaña o en las autopistas de las afueras.
“Soy un agujero negro y depresivo de ansiedad. Desde niño he tratado de llenar ese vacío con prácticas, hábitos y excesos. De todo eso, la bicicleta ha sido la constante y en la rueda del tiempo se ha convertido en el vehículo perfecto para mi locura”, escribió el escritor y ciclista Rogelio Garza en su artículo autobiográfico “Memorias de un biciloco”.
Esta declaración de principios es una muestra de que hay secretos —y lugares— que solo se revelan pedaleando: permanecer en movimiento para mantener el equilibrio.

