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Un mundo sin libros, imaginado por niñas y niños lectores

Cinco pequeños nos invitan a conmemorar el Día Internacional del Libro contándonos todo lo que se perdería si no existiera ese objeto que nos transporta a lugares imaginarios.

En un mundo sin libros, las palabras no tienen dónde vivir.  “Se perdería toda la investigación”, “Sería aburrido”, “Y sin magia y sin cultura”, “La gente se vería un poco más desinformada”, “Sería un mundo bastante vacío”, dicen niñas y niños de entre 9 y 12 años que comparten el gusto por leer. Para reflexionar sobre el Día Internacional del Libro (23 de abril), los pequeños lectores nos cuentan todo lo que se perdería si no existiera ese objeto lleno de hojas y palabras que los transporta a lugares imaginarios o los entretiene o los ayuda a entenderse a sí mismos. 

Milena, 9 años.

Aprendizaje y magia

Hay palabras que te ayudan a descubrir tesoros ocultos. A Milena le enseñaron “a ser valiente”. Ella es una niña de 9 años que le gusta leer libros de fantasía y magia, como el de una princesa que en secreto era heroína y salvaba a las personas. Leyendo aprendió a ser paciente “y que todo llega a su tiempo”. 

Si no existieran los libros, Milena asegura que este mundo sería “aburrido y sin magia y sin cultura”. Podemos imaginar un día normal en su vida como el de muchas estudiantes de su edad que salen de la escuela, van a la casa, comen, hacen la tarea y tienen tiempo libre para hacer otra cosa. Algunas verán videos, usarán redes sociales, saldrán con amigas. Milena también, pero normalmente “llego de la escuela y me pongo a leer libros”, “Hay mucha magia en las páginas. Y si no existiera la magia…”.

Una escena que recuerda —y que se repite en más lectores— es cuando leía cuentos con su mamá, como el de la princesa de negro. Si en este mundo no hubiera libros, ¿qué historias se contarían?, ¿cómo aprendería Milena que ella puede ser valiente y que la magia existe?

Oliver, 10 años.

Amistad y fortaleza

Oliver también empezó leyendo con su mamá. “Cuando estaba bebé y no iba a la escuela, ella me leía estos libros —señala ejemplares en un librero detrás de él—, y luego me empezó a gustar leer”. A sus 10 años, como parte de un proyecto escolar, escribió “un libro para ayudar a los que siempre pierden en los juegos”. Es como si un libro fuera un amigo que te enseña a superar problemas.

Y justo eso le pasó a Oliver cuando leyó “El peor día de mi vida”, uno de sus libros favoritos que narra las aventuras de un niño que se llama Mariano, que tiene muy mala suerte y hay niños que lo molestan. “Me sentí parecido en que le hacían bullying. Y a mí antes en mi kínder me hacían bullying, por eso me sentí cercano”. Sin embargo, Mariano también tenía amigos que lo ayudaban. “Con eso también me identifico, en que mis amigos, cuando me siento mal, me ayudan a sentirme mejor”.

Sin libros, ¿dónde quedaría esa amistad?, ¿cómo cobrarían vida esos personajes y mundos imaginarios que nos ayudan? Oliver contesta que sin libros “se perdería toda la investigación”. Y eso quiere decir que “No existirían ni los edificios, nada, sin información, nada. Nada de eso”.

Fernanda, 12 años.

Felicidad y conocimiento

Los libros despiertan emociones intensas, por eso algunos personajes y aventuras también forman parte de la biografía de quien los lee. Fernanda tiene 12 años y le gusta leer historias de aventuras y ciencia ficción. A los 10 leyó un libro que se llama “Aventuras a medianoche”, cuya protagonista, una chica de nombre Emma que tiene problemas con su familia, la sigue acompañando: Fernanda recuerda la felicidad que sintió al avanzar por las páginas y cuando Emma se reencontró con una amiga que se había perdido. Pero también vuelve a sentir tristeza “cuando Emma tenía problemas con su familia”.

Para Fernanda, un mundo sin libros “sería aburrido… porque hay unas historias muy bonitas y otras que te pueden enseñar”. Se perdería una parte de nuestra capacidad de imaginación, quizás incluso de empatía. “Si desaparecieran los libros de la escuela, pues no se podrían hacer muchas cosas”.

Tadeo, 12 años.

Tadeo, también de 12 años, piensa algo similar, porque a él le gusta leer temas científicos y cuentos para entretenerse. “Aprendo cosas nuevas o que tienen así como historia”, dice y se acuerda de esa gran felicidad que sintió cuando aprendió a leer y descifrar ese mundo de palabras y signos que usaban los adultos. “Pasábamos cerquita de una guardería, y venía leyendo carteles que había ahí cerquita pegados… Me sentía feliz”.

Si de pronto, desaparecieran los libros de este planeta, Tadeo está seguro que “la gente se vería un poco más desinformada”, porque los libros también guardan el conocimiento y ayudan a que los niños aprendan más cosas. Sin libros, “se les complicaría más”, quizá todo ese conocimiento se transmitiría de boca en boca como las leyendas, pero en el proceso algo se deformaría como en el juego del teléfono descompuesto. “Es como volver a empezar siempre, ¿no?”.

Vanessa, 12 años.

Ver lo esencial

Hay libros que dejan lecciones que trascienden generaciones y fronteras y se vuelven entrañables, como si un familiar nos los hubiera dicho, son parte de nuestra educación sentimental. Vanessa sabe que “lo esencial es invisible a los ojos” gracias a “El Principito”, uno de sus libros favoritos junto a “Mis días en la Librería Morisaki”, los cuales le han enseñado a afrontar problemas y no dejarse vencer por la rutina. “Muchas veces perdemos el sentido que tiene la vida realmente, que es disfrutarla y vivirla”.

A sus 12 años, está convencida que los “libros son un mundo… Te llevan a lugares que no sabías que podías llegar… Son nuevas realidades y son nuevas cosas”. ¿Cuántos mundos se perderían para siempre si los libros desaparecieran? ¿Cómo sería nuestro planeta sin todos esos mundos imaginarios que creamos cuando escribimos y leemos? Vanessa responde que “sería un mundo bastante vacío”.

Vanessa, Tadeo, Fernanda, Oliver y Milena saben que cada obra es un mundo y ensancha el de quien la lee, que gracias a los libros no nos sentimos solos porque ellos también son ese amigo que nos da refugio y felicidad. Ellos, niñas, niños y adolescentes, saben que para que los libros sean todo esto, necesitan de lectores. Por eso este Día Internacional del Libro nos invitan a pensar en la magia y conocimiento que encontramos en las páginas, porque no sabemos si un día todo esto se pierda, pero sí sabemos que mientras tanto nosotros podemos regalarnos una página más.

Fotografías: Cortesía de las familias de las niñas y niños

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