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Vivir el cine entre las sombras: La primera directora que fue (casi) borrada de la historia

Antes de que el cine fuera industria y espectáculo, una mujer se convirtió en la pionera de la narrativa cinematográfica. Decir que el séptimo arte no podría entenderse sin Alice Guy es, por lo menos, quedarse corto.

De forma justa, mas no equitativa, cada vez es más común escuchar los nombres de cineastas que conquistan el séptimo arte desde el banquillo de la dirección. Ese espacio que por décadas fue acaparado por hombres que relegaba, consciente o inconscientemente, de forma equívoca a las mujeres a roles secundarios o al cliché de la musa.

Ya sea Emerald Fennell, Julia Ducournau, Chloé Zhao, Jane Campion, Tatiana Huezo o Astrid Rondero, por mencionar algunas, el séptimo arte moderno y la forma en que las cineastas brindan una visión única con un discurso propio en distintos géneros demuestra cómo el poder de una historia, filmada con una cámara, nos coloca frente a metrajes potentes.

Cada película, cortometraje o videoensayo no podría entenderse sin una figura que, lamentablemente, no siempre se menciona a la par de Georges Méliès o los hermanos Lumière. Hablamos de Alice Guy-Blaché.

No solo fue la primera mujer en sentarse en el banquillo de la dirección, que sí lo fue, también se convirtió en la pionera de la narrativa cinematográfica, experimentó con el sonido sincronizado y usó antes que nadie la técnica de la doble exposición.

Nacida el 1 de julio de 1873 en Francia, Alice Ida Antoinette Guy-Blaché comenzó su carrera como secretaria en una empresa dedicada a fabricar cámaras que posteriormente fue adquirida por León Gaumont. El mítico 22 de marzo de 1895, Alice acudió a la primera proyección de un material cinematográfico en la historia, pero la idea de que esas imágenes podían contar historias y no ser solo medios promocionales la llevaron a pensar en una forma distinta de usar esa nueva tecnología.

Alice Guy-Blaché fue productora, actriz, directora, guionista de cine, pionera en efectos especiales, con cerca de 700 filmes grabados a lo largo de su carrera.

Para 1896, mientras los hermanos Lumière experimentaban con metrajes que retrataban la vida cotidiana (como en “La Sortie des usines Lumière” —“La salida de la fábrica Lumière”—), Alice entendió el potencial del cinematógrafo y escribió, produjo y dirigió la adaptación de un cuento infantil francés bajo el nombre “La Fée aux Choux” (“El hada de los repollos”). Con este proyecto no solo nació lo que conocemos como cine de ficción, también se popularizó la idea de que narrar una trama en pantalla era un hecho profundamente revolucionario.

Por años, Guy continuó con su trabajo detrás de cámaras, tanto en el rol de directora, escritora y productora. La autora y directora Emmanuelle Gaume apunta en el documental “Elle s’appelle Alice Guy” (“Su nombre es Alice Guy”) que la cineasta participó en más de mil producciones, de las cuales la gran mayoría le fueron atribuidas injustamente a otros directores y cineastas, todos ellos varones.

El borrado sistémico de la historia bien podría parecer una historia de ficción, pero no lo fue. Antes de que el cine fuera industria y espectáculo, la visión de una mujer relegada en el relato como secretaria que dedicó los últimos años de su vida a recuperar sus cintas y ponerlas bajo su nombre nos deja ver el verdadero ADN del celuloide.

El eco de su innovación resuena con muchas cineastas que hoy desafían las mismas barreras que ella enfrentó. La forma en la que esta historia se entrelaza con el cine moderno deja en evidencia el talento de Alice en sus sucesoras.

Un legado que se refleja en Agnès Varda, quien dio vida a la Nouvelle Vague (Nueva Ola); en Lina Wertmüller, la primera mujer nominada a un Oscar por su labor en “Pasqualino Settebellezze” (“Pascualino siete bellezas”); en Mimí Derba, directora pionera del cine mexicano; en Sofia Coppola y su cine de autor, que busca alejarse del manto de su padre; y en todas las mujeres que toman una cámara para revelar su forma de ver, entender y hacer cine. Ese arte que, antes de ser arte, ya le pertenecía a Alice Guy.

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