El primer paso es que los gobiernos generen condiciones para que los ciudadanos se involucren en cuidar su comunidad y denunciar delitos.

Contar con cuerpos policiales profesionales, bien capacitados, equipados, con ética de servicio y con herramientas tecnológicas adecuadas es vital en cualquier política de seguridad pública, pero si a ello le sumas una sinergia con los ciudadanos, obtienes un modelo altamente efectivo.

La urbanista Jane Jacobs lo plasmó de forma clara en 1961, cuando afirmó que las comunidades son más seguras cuando los propios ciudadanos tienen la cultura de la denuncia, porque es más fácil identificar los delitos y dar aviso a las autoridades cuando hay más ojos vigilando en la calle. En cambio, cuando los ciudadanos observan actos ilegales y callan, quienes ganan son los delincuentes, y por tanto, las comunidades se vuelven más inseguras.

Pero para que la ciudadanía se involucre, la misma debe tener confianza en las autoridades, y esta se alimenta a través de buenos resultados y de proximidad; es decir, si tú o algún conocido denunció un delito y las autoridades se movilizaron de inmediato y arrestaron al infractor, en el futuro vas a seguir confiando; y si los policías generan vínculos sociales haciéndose presentes en las colonias, habrá mayor propensión a denunciar.

La proximidad social es una estrategia que acerca a la Policía Municipal, Tránsito y agrupamientos especiales con los vecinos.

En cambio, hay muchos contextos en que la ciudadanía decide no involucrarse y en ocasiones no por falta de interés, sino por miedo, tanto de represalias de los delincuentes, como de funcionarios corruptos que trabajan para el crimen organizado, lo que hace que se erosione la confianza ciudadana.

Un ejemplo de lo anterior lo encontramos en Michoacán, en donde el líder de los productores de limón Bernardo Bravo Manríquez denunció ante los medios de comunicación que su gremio era extorsionado por el grupo criminal Los Blancos de Troya, y al día siguiente fue ejecutado. Al ver esta situación los ciudadanos, para protegerse ellos mismos, se abstienen de denunciar y de participar en tareas de seguridad, y la situación empeora con el tiempo.

Por ello no basta una campaña de promoción de la denuncia, cuando grandes partes del país se encuentran controladas por el crimen y muchas autoridades son leales a las organizaciones delictivas en lugar de los ciudadanos. Por tanto, el primer paso para generar condiciones que permitan que los ciudadanos se involucren en tareas de seguridad les corresponde a los gobiernos. 

En México en la mayor parte de las regiones se vive un alejamiento de los ciudadanos de las tareas de seguridad y no porque no exista compromiso en los mismos, sino porque los gobiernos locales no han hecho su parte al dar resultados y generar las condiciones para que la misma se dé.

Los elementos realizan recorridos a pie, apoyan en algunas actividades y entregan números de contacto directo con el fin de reforzar lazos de confianza con la comunidad.

Coahuila en cambio tiene una ciudadanía muy activa en tareas de seguridad, con altas tasas de denuncia, una participación constante en los grupos de seguridad vecinales y en los chats de WhatsApp, en donde en tiempo real hay una sinergia entre autoridades y la sociedad.

De hecho, se trata de una de las grandes fortalezas del exitoso modelo de seguridad de Coahuila, que se traduce en bajos índices delictivos, en la ausencia de grandes organizaciones criminales en el territorio y en una alta valoración ciudadana de la acción de las autoridades en la materia.

La pregunta relevante por tanto es:

¿Por qué Coahuila ha logrado involucrar a sus ciudadanos en tareas de seguridad y otras entidades no?

La proximidad social de las corporaciones es una de las grandes fortalezas del exitoso modelo de seguridad de Coahuila.

La respuesta a esta interrogante pasa por una suma de factores que se pueden resumir en los siguientes puntos: 

  1. La depuración de los cuerpos de policía, proceso que lleva varios sexenios, para evitar que personas ligadas al crimen organizado formen parte de las instancias de seguridad.
  2. Atención puntual de cada una de las denuncias, de forma que los ciudadanos ven que las autoridades dan seguimiento a todos los incidentes.
  3. Comunicación en tiempo real a través de la tecnología, en especial a través de los grupos de WhatsApp. 
  4. Tiempos de respuesta muy cortos a las emergencias, menores a cinco minutos.
  5. Cercanía de los encargados de zonas policiales al presentarse con los ciudadanos y asistir a juntas vecinales. 
  6. Buenos resultados que son medidos y comunicados con eficiencia.
  7. Baja tasa de impunidad, porque los delincuentes son castigados y sentenciados.