El problema con Andy es que se convirtió en el nepobaby más famoso en los últimos meses aunque su padre, AMLO, criticó fuertemente el nepotismo.

El peligro de reconocer a la gente por su apellido, sus contactos o los intereses de unos cuantos, es que terminan creyéndosela y después toca exhibir lo obvio, porque para ellos no lo es.

Andrés Manuel López Beltrán, “Andy”, hijo del expresidente Andrés Manuel Lopez Obrador, expresó a través de un podcast que le molestaba que le llamaran “Andy”, porque es una forma de hacer “pequeño” el “gran nombre” y con él, “su legado”.

Esta no la vio venir el expresidente, aquel que señalaba constantemente el nepotismo como un problema profundo en el sistema político de nuestro país, seguro hubiera querido que su hijo no diera esas declaraciones, como la sufren cientos de políticos cuando tienen que escuchar las sandeces que declaran sus hijos, mismos que sin preparación o experiencia, son favorecidos con puestos pactados por ellos mismos.

El problema no es que esté en un lugar que no le corresponde por experiencia o por preparación, el problema no es que hayan criticado el nepotismo y se haya convertido en el nepobaby más famoso en los últimos meses, el problema no es que le llame “legado” a la imposición que hizo su padre al ponerlo en un puesto clave de Morena a nivel nacional sin mérito alguno; la preocupación es que ya no quiere ser “Andy”, quiere ser Andrés Manuel.

Toca fingir que lo merece (el nombre y el puesto); mientras en el país, incluso los morenistas se dan cuenta de que el nepotismo también existe en Morena, que también existió en el sexenio de Obrador y que seguirán aplaudiendo a alguien que, evidentemente, no ha hecho nada para ganarse esos aplausos.

Como dice el dicho: No es culpa del Andy… sino del que lo hace secretario de Organización de Morena.