Es una realidad que las autoridades no quieren aceptar, pero que el reciente caso del Rancho Izaguirre confirma: la existencia de un método de reclutamiento forzado, la desaparición y el homicidio sistemático vinculado al narcotráfico.

Los campos nazis de exterminio cumplieron la función exclusiva del asesinato en masa. A diferencia de los campos de concentración, que servían primariamente como centros de detención y trabajo, los campos de exterminio eran casi exclusivamente “fábricas de muerte”.

Tomando lo anterior como referencia, el hallazgo del Rancho Izaguirre en Teuchitlán, Jalisco, no podría tener otro nombre.

Desafortunadamente, nuestro país ha vivido históricamente sumergido en una violencia que parece no tener fin, y cada vez más los límites del asombro se sobrepasan para conocer historias que estremecen. Basta recordar tragedias como la del 2010 cuando 72 personas migrantes fueron asesinadas en el ejido El Huizachal, municipio de San Fernando, Tamaulipas, apiladas y abandonadas a la intemperie.

Un año más tarde Allende, Coahuila, fue noticia a nivel mundial al darse a conocer que la tarde del viernes 18 de marzo del 2011 al menos 60 sicarios del cártel de Los Zetas derribaron con una camioneta el portón principal del rancho de Los Garza.

Posteriormente en las siguientes 48 horas este municipio y la región de los Cinco Manantiales estuvieron bajo fuego, se reportó la desaparición de al menos 300 personas.

El 26 de septiembre del 2014, cuarenta y tres normalistas de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” en Ayotzinapa, Guerrero, fueron secuestrados por un grupo criminal en colusión con las autoridades, originándose así una investigación que hasta el momento no ha concluido, lo que dejó en evidencia –una vez más– a las autoridades e incluso al Gobierno federal.

Y la más reciente, el 8 de marzo del 2025, un colectivo de búsqueda de personas desaparecidas reportó el hallazgo de tres crematorios clandestinos en un predio ubicado en la periferia del estado de Jalisco. En el lugar, denominado Rancho Izaguirre, se encontraron cientos de pertenencias personales, centenares de zapatos, cráneos calcinados, casquillos de bala y cartas de despedida, lo que sugiere que este sitio operaba como un centro de entrenamiento y exterminio vinculado al narcotráfico.

Las críticas señalaron que la Administración anterior ya tenía conocimiento del crematorio clandestino, el cual habría sido cateado en septiembre de 2024, y que a la vista de todos continuó con sus operaciones por varios meses más, con la permisibilidad de las autoridades de Jalisco.

La presidenta Claudia Sheinbaum repudió los hechos y ordenó a la Fiscalía General de República se hiciera cargo de la investigación, llevando la atención a cómo habría que llamar al predio, puesto que para las autoridades era un “centro de adiestramiento y operaciones” en donde mataban y desaparecían a todo aquel que no obedeciera. Esto causó la indignación de la sociedad, ya que la terminología no quita el hecho de las muertes que ahí sucedieron.

Al cierre de esta edición aún no se sabe con claridad cuántas personas murieron en el lugar, solo se informó que ya hay 15 detenidos y que las investigaciones continúan.

El Rancho Izaguirre es la confirmación de la existencia de un método de reclutamiento forzado conocido por lo menos desde hace más 15 años que sigue operando al amparo de la impunidad, la omisión y complicidad de las autoridades públicas, que más allá del discurso que dan, ya  sin credibilidad, no han mostrado una estrategia clara y mucho menos la voluntad de tratar de acabar con quienes ocasionan estas terribles historias.