Han pasado más de 40 años de la primera Marcha del Orgullo en nuestro país. Muchas cosas han cambiado desde entonces, pues la suma de esfuerzos ha logrado que la igualdad de derechos sea ley, pero aún falta un largo camino para construir una sociedad sin violencia y sin discriminación.
La comunidad LGBT+ en México ha recorrido un camino difícil y complicado en su búsqueda de reconocimiento, derechos e igualdad. Y aunque hoy es más visible ya que cuenta con presencia en espacios públicos, medios de comunicación y políticas públicas, este reconocimiento ha sido el resultado de décadas de lucha contra la discriminación, la violencia y la invisibilidad.
Historia de resistencia
Las primeras expresiones organizadas del movimiento LGBT+ en México surgieron a finales de los años 70, marcadas por la valentía de colectivos como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) y Lesbos. Fue en 1979 cuando se realizó la primera Marcha del Orgullo en la Ciudad de México, un acto de enorme significado político en un contexto social conservador.
Avances para la Comunidad LGBT+
Uno de los logros más notables ha sido el reconocimiento del matrimonio igualitario. En 2009, la Ciudad de México se convirtió en la primera entidad del país (y de América Latina) en aprobarlo. Desde entonces, todas las entidades federativas han legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque en algunos estados esto ha ocurrido mediante sentencias judiciales y no por voluntad legislativa.
En nuestro país, el matrimonio igualitario inició su camino legal en 2009, cuando la Ciudad de México eliminó la distinción entre “hombre y mujer”, permitiendo que cualquier persona pudiera contraer matrimonio, lo que resultó en cerca de 10 mil uniones oficiales y en la autorización de adopción conjunta.

Aunque Coahuila fue pionero en formalizar las uniones de personas del mismo sexo desde 2007 con el Pacto Civil de Solidaridad (PCS), una figura jurídica que permitía que dos personas mayor de edad, de igual o diferente sexo, celebraran un contrato para organizar su vida en común. No era un matrimonio (se les llamaba compañeros civiles), pero sí tenían derechos y obligaciones similares, como efectos patrimoniales y solicitar adopción.
Fue hasta septiembre de 2014 que Coahuila se convirtió en la segunda entidad en legislar el matrimonio igualitario tras aprobar también la adopción homoparental en febrero del mismo año. Desde entonces, otras entidades siguieron esta ruta: Quintana Roo en 2012, Chihuahua y Nayarit en 2015, Morelos, Campeche y Colima en 2016, hasta cubrir las 32 entidades federativas en 2023.
Y respecto a la adopción, desde 2010 la Suprema Corte estableció que las parejas del mismo sexo no podían ser discriminadas, y la Ciudad de México fue pionera en agosto de ese año al reconocer la adopción homoparental. Hoy, al menos 15 entidades permiten expresamente la adopción conjunta, mientras que en el resto existen vías judiciales. Destaca el caso de Jalisco, donde la primera adopción legal se completó en julio de 2021.
Diversidad y desafíos
Hoy, el orgullo LGBT+ en México es mucho más que un desfile de colores: es una plataforma de visibilidad, cultura y exigencia de derechos. Aún siguen pendientes temas como reconocimiento de identidad, atención en salud, protección contra crímenes de odio y políticas públicas integrales. Más de cuatro décadas después, la lucha continúa y el orgullo se mantiene como un acto de resistencia y celebración colectiva.
Cada persona es única, el amor es diverso y el ser humano merece amor y respeto, sin importar a quien ame.
