La comunidad global se mantiene en alerta ante un posible resurgimiento del conflicto, que continúa sin resolución diplomática.
La tensión en Medio Oriente alcanzó un nuevo punto álgido en junio de 2025, cuando el ejército de Israel lanzó una serie de ataques aéreos sobre Irán, presuntamente dirigidos a instalaciones nucleares entre el 13 y 15 de junio. Según el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, la ofensiva fue para desmantelar el programa nuclear iraní, ya que supone una amenaza para la existencia de su país. A pesar de que no hubo una declaración formal de guerra, los enfrentamientos militares aumentaron en escala y riesgo geopolítico.
El Gobierno de Israel argumentó que el objetivo de los bombardeos fue reducir la capacidad de Irán para desarrollar armas nucleares. Sin embargo, a diferencia de Israel que sí posee armas nucleares propias según evidencia indirecta y organizaciones especializadas que estiman el arsenal entre 80 y 200 ojivas –aunque las autoridades no lo han reconocido oficialmente–, Teherán parece que no dispone de este tipo de armamento. Incluso Israel no firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT).

“Hoy, Irán está más cerca que nunca de obtener un arma nuclear. Las armas de destrucción masiva en manos del régimen iraní representan una amenaza existencial para el Estado de Israel y una amenaza significativa para el resto del mundo”, afirmó el primer ministro Benjamin Netanyahu.
Irán respondió con misiles balísticos y drones que impactaron contra zonas del centro y norte de Israel, lo que dejó un saldo preliminar de varios muertos y decenas de heridos, según reportes de medios como Reuters y AP.
El 22 de junio, Estados Unidos intervino directamente con una operación militar con bombarderos B-2 y misiles desde submarinos para atacar tres sitios nucleares iraníes: Fordow, Natanz e Isfahan. Hasta ahora, no se confirmó la destrucción total de las instalaciones atacadas, aunque sí se reportaron daños importantes. El presidente Donald Trump justificó estas acciones con la misma narrativa usada por Netanyahu.
“Nuestro objetivo era la destrucción de la capacidad de enriquecimiento de uranio de Irán y un alto a la amenaza nuclear planteada por el Estado patrocinador del terror número uno del mundo”, sostuvo el presidente estadounidense ante la ola de críticas internacionales.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, calificó las agresiones como una “grave violación” a la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Y agregó: “Irán se reserva todas las opciones para defender su soberanía, sus intereses y su pueblo”.
A pesar de los llamados al diálogo, no existe un acuerdo de paz vigente entre Israel e Irán. El 20 de junio, el secretario general de la ONU, António Guterres, instó ante el Consejo de Seguridad a que ambas partes “den una oportunidad a la paz”, advirtiendo que “no podemos permitir que este conflicto se expanda”. Aunque las hostilidades disminuyeron después de los ataques estadounidenses del 22 de junio, la tensión en la región se mantiene. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, declaró el 10 de julio que “Israel volverá a atacar a Irán si se siente amenazado”, mientras que el canciller iraní Abbas Araghchi afirmó que su país “no volverá a las negociaciones mientras Israel continúe sus bombardeos”.
