Esta herramienta permite identificar las circunstancias diarias que enfrenta la población femenina para impulsar acciones que lleven a eliminar las desigualdades.
Mucho hemos escuchado en repetidas ocasiones sobre la perspectiva de género, y sobre la aplicación de esta en el ámbito de la justicia para las mujeres y niñas, pero pocas veces abordamos el concepto de la misma.
La importancia de comprenderla implica trazar un camino mucho más fácil para aplicarla no solo en el aspecto de la justicia, sino también en cada una de nuestras relaciones interpersonales, que sin duda nos permite formar otra visión sobre la realidad que vivimos las mujeres.
Existen muchas definiciones jurídicas contenidas en los tratados internacionales, la legislación nacional, local y la propia Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, pero quisiera aprovechar estas líneas y el tiempo de las y los estimados lectores para resumirla de una manera muy sencilla.
La perspectiva de género nos permite ver lo que no es visible cuando no nos preguntamos las condiciones de desigualdad, discriminación, exclusión o violencia que ha vivido una mujer a lo largo de su vida por el hecho de haber nacido mujer.
En una sociedad la premisa que debe prevalecer es que todas y todos somos iguales como personas sujetos de derechos, que todas y todos tenemos derecho a elegir nuestra ocupación, etcétera. Sin embargo, a nivel global en materia de igualdad de derechos entre mujeres y hombres, existe una distancia muy ancha entre lo que la ley establece y en cuanto a los derechos a los que realmente acceden las mujeres.

Por ejemplo, cuando una mujer ha elegido su ocupación, la maternidad (en el mundo) sigue siendo en muchas áreas laborales una barrera que no le permite obtener un empleo, pues hay una “preselección” que ocupa preferentemente a mujeres que no han accedido a la maternidad (no escrita formalmente), ya que se presume que su rol de madre como cuidadora de las y los hijos no le permitirá cubrir un horario extendido o implicará incapacidades frecuentes; de tal suerte que esto acota las posibilidades de obtener un ingreso económico propio y de cumplir con su sueño laboral.
Este rol de maternidad (hermoso para quienes somos madres) no se visibiliza, pues como sociedad hemos considerado que dicho rol es solo de las madres y que por “haber nacido mujeres nos corresponde”, generando así condiciones de desigualdad para las mujeres. Así como este, podríamos mencionar muchos ejemplos que vivimos las mujeres en nuestro día a día y que sin duda discriminan.
Y es justamente ahí en donde debemos aplicar la perspectiva de género para identificar estas circunstancias diarias que enfrentamos las mujeres en todos los ámbitos, en lo laboral, educativo, etcétera, por nuestra condición de mujeres, e impulsar acciones que nos lleven a eliminar las desigualdades. Recordemos que la desigualdad es la causa generadora de todas las violencias, sólo cuando logremos un mundo igualitario lograremos erradicar las violencias.


