Es imposible que una familia cumpla con la lista de útiles escolares sin que su canasta básica se vea afectada.

Como un verdadero 21k se siente el gasto por el regreso a clases. No solo son libros y cuadernos, sino también mochila, tenis, zapatos y la interminable lista de útiles escolares… hasta un paquete de papel higiénico piden las maestras de educación básica.

Si hacemos cuentas, una lista de útiles –de esas que incluyen jabón, trapos de limpieza y hojas de máquina– puede costar hasta mil 500 pesos. Los uniformes, ya sea por cambio de escuela o porque los niños crecieron, ascienden a más de dos mil pesos.

Y eso hablando de educación pública. Porque si se trata de educación privada, el gasto se dispara: adquisición de libros tan bonitos que no quieres ni que los rayen, colegiaturas, mensualidades, servicios y cursos propedéuticos… un golpe durísimo al bolsillo familiar.

Es imposible que una familia cumpla con la lista de útiles escolares sin que su canasta básica se vea afectada. Y lo cierto es que con el entusiasmo del regreso a clases los maestros piden tanto material que muchas veces termina guardado en las gavetas.

En un escenario ideal, los padres de familia serían muy organizados, comprarían uniformes, útiles, lonche, zapatos y mochila para dos o tres hijos desde un año antes. Pero eso es prácticamente imposible cuando también hay que cubrir gastos básicos como alimento, vestido y vivienda.

Aun así, no hay mayor satisfacción que presumir la foto del primer día de clases con frases como “Un año más”, “Hermoso mi rey”, “Un nuevo comienzo” o “El mayor de los éxitos”. Esa imagen resume el sacrificio de todo un maratón de gastos para que “la bendición” llegue al salón de clases luciendo impecable.