Nuestro país atraviesa una transformación demográfica que nos obliga a repensar la manera en que entendemos el envejecimiento, pues según estimaciones oficiales en el 2050 una cuarta parte de la población tendrá 60 años o más.

Cada año, el 28 de agosto, se celebra en México el Día del Abuelo, una fecha que busca rendir homenaje a quienes han sido pilares de nuestras familias y comunidades: los adultos mayores. Más allá del festejo simbólico, este día representa una oportunidad para detenernos a observar la realidad de un sector de la población que crece a ritmo acelerado, pero cuya atención y reconocimiento aún están lejos de ser proporcionales a su importancia demográfica, histórica y social.

México ya está atravesando una transformación demográfica sin precedentes. De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2025 más de 17 millones de personas tienen 60 años o más, lo que representa el 14.7 por ciento de la población total. Este porcentaje podría ascender al 24 por ciento hacia el año 2050, según estimaciones del Consejo Nacional de Población (CONAPO); es decir, una cuarta parte de los mexicanos tendrá 60 años o más.

A pesar de los avances en políticas públicas, de los discursos de reconocimiento y afecto que suelen rodear al Día del Abuelo, muchas personas mayores en México viven situaciones marcadas por la vulnerabilidad, el abandono, la precariedad económica y la exclusión social:

Economía frágil. Un gran número de adultos mayores carece de una pensión suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Según el Coneval, alrededor del 31.1 por ciento de ellos se encuentra en situación de pobreza. Muchos deben seguir trabajando en la informalidad o depender económicamente de sus familiares.

Salud en crisis. Con la edad, aumentan las enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión, artritis y padecimientos cardiovasculares. Sin embargo, el acceso a servicios médicos especializados en geriatría es limitado, especialmente en zonas rurales. La saturación de hospitales, la falta de medicamentos y la escasa infraestructura en salud mental agravan aún más el panorama.

Soledad y violencia. Muchos adultos mayores enfrentan el aislamiento social, sobre todo aquellos que viven solos o han sido desplazados por dinámicas familiares modernas. La violencia, tanto física como emocional o patrimonial, también afecta a este sector.

Discriminación por edad. Muchos adultos mayores son percibidos como improductivos o dependientes, lo cual limita sus oportunidades de participación en la vida económica, cultural y política del país.

El Código Penal de Coahuila establece que el maltrato, abandono o explotación de personas adultas mayores es un delito, penado con entre tres meses y dos años de prisión, acompañados de multas y la posible pérdida de derechos familiares. En casos graves, como lesiones prolongadas o riesgo de muerte, se aplican sanciones mayores e incluso tentativa de homicidio.

En agosto de 2023, el Congreso local aprobó un punto de acuerdo para que los 38 municipios realicen campañas de difusión, en coordinación con el Instituto Coahuilense de las Personas Adultas Mayores, para promover la denuncia ciudadana de maltrato físico y psicológico hacia los adultos mayores. Lamentablemente, aún  hay  desconocimiento sobre esta obligación legal.

Detrás de cada abuelo y abuela hay historias de lucha, sabiduría, resiliencia y amor. Lejos de ser un grupo homogéneo, los adultos mayores son diversos: hay quienes siguen trabajando, quienes estudian, quienes cuidan a otros y quienes participan activamente en movimientos sociales, culturales o vecinales. La longevidad debe ir acompañada de dignidad. Porque en cada abuelo y abuela vive una parte de nuestra historia, y cuidar de ellos es también cuidar de nuestro futuro.

Este 28 de agosto, más allá de los regalos y las felicitaciones, es momento de preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo por nuestros adultos mayores? ¿Qué tanto escuchamos sus voces? ¿Qué tan preparados estamos para acompañar el proceso de envejecimiento con respeto, cuidado y justicia?

Envejecer es un privilegio, pero también un derecho que debe ser garantizado. Honrar a nuestros abuelos no debe limitarse a una fecha en el calendario, sino traducirse en acciones concretas, políticas públicas sostenidas y una cultura de inclusión que abrace la vejez con humanidad y gratitud.