Los legisladores defienden la reforma para reducir la jornada laboral a 40 horas, pero afectando el pago de horas extras para los trabajadores.
Después de años de no ver cambios, pensaron los trabajadores que les haría justicia la transformación o, mejor dicho, los legisladores del pueblo, los diputados y senadores de Morena.
Se aprobó la reforma laboral para reducir la jornada de 48 a 40 horas, ¡perfecto! Bueno sí, pero no. Se va a reducir paulatinamente. Se va a reducir, pero no necesariamente se descansará más.
Antes de la reforma, los trabajadores podían trabajar 9 horas extras semanalmente y cobrarlas al doble; a partir de la décima… al triple.
Con la reforma, el máximo de horas extra será de 12 pagándolas al doble; después de 12, al triple.
O sea, si usted ganaba 100 pesos por hora y cubría 10 horas extra a la semana, ganaba un extra de 2 mil 100; con la reforma ganaría 2 mil pesos.
Los legisladores defienden la reforma argumentando que ahora será decisión exclusiva de los trabajadores cubrir esas horas extras. O sea, le dirán al patrón: la Constitución no me permite cubrir más de 47 horas (en 2027), y el patrón le dirá: no te preocupes, aquí queremos cumplir la ley… ¡Sí, Chuy!
Ah, las 9 horas extras estaban libres de gravámenes; por lo cual al subir a 12, habrá un aumento en el ISR que afectará en el reparto de utilidades.
Mucha reforma, mucho discurso, poco impacto en cuidar la salud y bienestar de los 13 millones de trabajadores formales en el país.

