No basta con costos o ubicación; se requieren condiciones estructurales como seguridad, estabilidad y confianza.
Con el inicio de los trabajos rumbo a la revisión del T-MEC, cuyo proceso formal arranca el 1 de julio, se abre una etapa que trasciende lo estrictamente comercial. Las señales desde Estados Unidos apuntan a una agenda más amplia, donde temas como la seguridad, el Estado de derecho y la certidumbre institucional adquieren un peso creciente en la integración económica de la región.
En este contexto, la seguridad se posiciona como un factor determinante. No solo como un elemento político, sino como una condición indispensable para la confianza de las inversiones y la estabilidad de las cadenas productivas. Coahuila, en ese sentido, cuenta con una ventaja clara: condiciones de seguridad que permiten la operación eficiente de la industria y favorecen el crecimiento sostenido.
Por otro lado, las reglas de origen serán un componente clave en la revisión. Su eventual ajuste definirá el nivel de integración regional exigido y, con ello, las dinámicas de producción y exportación en sectores estratégicos como el automotriz y el manufacturero.
Más allá de los cambios puntuales, este proceso refleja una evolución en el concepto de competitividad. Hoy, no basta con costos o ubicación; se requieren condiciones estructurales como seguridad, estabilidad y confianza. En este nuevo entorno, Coahuila tiene los elementos para consolidarse como un actor estratégico en la relación económica de América del Norte.

