Las imágenes de bloqueos carreteros y ataques derivados del abatimiento de ‘El Mencho’ le dieron la vuelta al mundo y despertaron incertidumbre por la inseguridad en nuestro país.

A pocas semanas de que México sea sede de uno de los eventos deportivos más importantes del planeta, el país vuelve a estar bajo el escrutinio internacional. Pero esta vez no por sus estadios, su gastronomía o sus playas, sino por una realidad que cada vez pesa más en su imagen global: la violencia.

El clima de inseguridad que se ha intensificado en los últimos meses ha abierto un debate incómodo pero inevitable. ¿Puede México garantizar la seguridad de miles de visitantes extranjeros? ¿O el Mundial de futbol corre el riesgo de celebrarse bajo la sombra del miedo?

Las dudas comenzaron a multiplicarse desde el pasado 22 de febrero. La detención y posterior abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, desató una reacción violenta atribuida a integrantes de la misma organización criminal. En cuestión de horas, varias regiones del país quedaron paralizadas por bloqueos carreteros, incendios de negocios y ataques que afectaron incluso al transporte aéreo, obligando a la cancelación de vuelos.

Las fotografías de vehículos incendiados tras el abatimiento de «El Mencho» recorrieron el mundo.

Las imágenes de vehículos incendiados y carreteras bloqueadas recorrieron el mundo a través de las redes sociales. Lo que para México parecía otro episodio más en su larga crisis de seguridad, para el resto del mundo fue una señal de alerta.

La reacción internacional no tardó en llegar. El Gobierno de Estados Unidos actualizó sus alertas de viaje y clasificó en nivel 4 (no viajar) a estados como Zacatecas, Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa y Tamaulipas, una advertencia que, en términos diplomáticos, equivale a encender una luz roja para el turismo.

Como si el golpe a la imagen del país no fuera suficiente, otra noticia encendió las alarmas: trascendió que la FIFA habría cancelado 800 de las dos mil habitaciones que tenía reservadas para la justa deportiva. El Gobierno federal salió rápidamente a contener el daño y aseguró que todo se debía a “un error de logística”. Sin embargo, en un contexto de violencia creciente, la explicación dejó más dudas que certezas.

El turismo es uno de los motores económicos más importantes de México, pero también uno de los más sensibles a la percepción de riesgo. Y en la era de las redes sociales, la percepción puede propagarse con la misma rapidez que un incendio.

La pregunta ya no es solo si los turistas vendrán, sino si México los convencerá de que es seguro quedarse.

Durante décadas, los grandes cárteles mexicanos mantuvieron una especie de regla no escrita: evitar ataques contra turistas o residentes extranjeros para no atraer la presión directa de Gobiernos internacionales. Sin embargo, ese equilibrio parece cada vez más frágil.

La fragmentación de los grandes grupos criminales ha dado paso a células más pequeñas, menos disciplinadas y más impredecibles, capaces de desatar episodios de violencia sin medir las consecuencias.

Robert Bunker, director de investigación y análisis de C/O Futures, una firma de consultoría especializada en seguridad, considera poco probable que los cárteles ataquen deliberadamente a ciudadanos estadounidenses. Pero incluso él reconoce que el margen de incertidumbre es cada vez mayor.

“Este cártel es en gran medida impredecible”, advierte Bunker al referirse al Cártel Jalisco Nueva Generación, considerado una de las organizaciones criminales más poderosas de México.

En un país que intenta proyectarse como anfitrión del mundo, la pregunta ya no es solo si los turistas vendrán, sino si México logrará convencerlos de que es seguro quedarse, ahí es donde está el reto.