Solo a pie se encuentran fantasmas, historias y personajes que pueblan la dimensión humana de lo que llamamos nuestra ciudad.
Caminar por la ciudad es hablar con ella. Solo a pie se encuentran fantasmas, historias y personajes que pueblan la dimensión humana de lo que llamamos territorio. Si volamos un dron por la ciudad, llegaríamos a una altura en la que, como escribió Carson McCullers en la novela “Reloj sin manecillas” (1961), “la tierra se ordena”. Y entre más arriba lleguemos, como en un avión, veremos lotes de color gris multiplicándose, algunos salpicados de verde, atravesados por arterias de asfalto. Pero a esa distancia “uno no ve a los hombres ni los detalles de su humillación”. Hay que hundirse en el suelo para poder amar la tierra.
Esa parece ser la consigna del escritor Christian Luna (Saltillo, Coahuila, 1990) en su libro “La inútil belleza” (Los Libros del Perro Editorial / Universidad Autónoma de Coahuila; México, 2026). El autor camina para escuchar. Sentir, oler, percibir y escribir con todo el cuerpo. Christian dialoga con la ciudad de Saltillo. “Camino por aquí porque quiero escribir con el cuerpo. Porque este mapa que narro no se encuentra en ninguna parte. Porque quisiera redescubrir los lugares por los que siempre paso”.

A través de sus crónicas (o pasos) escuchamos el devenir de una ciudad y sus habitantes. ¿Qué tiene que ver la capital de Coahuila con el futurismo y otras vanguardias del siglo XX? ¿Qué historias pasadas y contemporáneas se viven en uno de los barrios más antiguos y emblemáticos de Saltillo? ¿Existe una relación entre el gris interminable que domina el paisaje de la ciudad —bordeado por una majestuosa sierra verde a veces envuelta en la bruma— con el alto índice de suicidios?

“Camino por aquí porque quiero escribir con el cuerpo. Porque este mapa que narro no se encuentra en ninguna parte. Porque quisiera redescubrir los lugares por los que siempre paso”.
Christian Luna, escritor.
Christian Luna pregunta, reflexiona y camina. Caminar no es necesariamente avanzar. La línea recta no significa progreso. Hay que revisar los pasos para darse cuenta que “La ciudad es construida por personas que no caminan sobre ella”. De alguna manera, esta frase recuerda a una idea que escribió el austriaco Thomas Bernhard en su novela “El origen” (1975): “La ciudad, poblada por dos clases de personas, los que hacen negocios y sus víctimas”. Hay que caminar para reconocer que nosotros no somos los que hacemos negocios.
“La inútil belleza” cuenta diversas historias que suceden a pie: una moneda decide el lado por el que camina el narrador —cada volado da la oportunidad de toparse con personas y peligros—, la ciudad como un cuerpo humano gigantesco que es necesario atravesar para conocerlo, el recorrido interior que implica el movimiento, la búsqueda del padre como el origen del caos, que a su vez procede de tantos accidentes y pérdidas.

Christian construye imágenes con el fuego que robó a la tierra que pisó una y otra vez. Tras descripciones y reflexiones, llegan frases que asemejan destellos de lucidez. Tiene una forma personal de entender las cosas que lo rodean —en este caso Saltillo y sus fantasmas— aunque abreva de una bibliografía que le sirve para dialogar con la ciudad, como el poeta francés Charles Baudelaire (1821-1867), la urbanista estadounidense Jane Jacobs (1916-2006), el sociólogo francés Émile Durkheim (1858-1917), el historiador coahuilense Gilberto Sebastián Sánchez Luna, entre otros.
Este libro está escrito con las manos sucias. Y los pies también: hinchados, adoloridos, fatigados. “La inútil belleza” no es una serie de crónicas escritas con dron (J.M. Servín dixit). Christian Luna escarba y se hunde en la tierra para encontrar una semilla humana. El autor quiere ensuciar el paisaje. “Camino porque quiero dejar de meterme el pie. Soy cinta negra en el autosabotaje”. A diferencia de la visión ordenada o con el sentido que brinda la distancia y la altura sobre la ciudad, Christian mira a los ojos de su padre y a los de sus vecinos y sus amigos y desconocidos. ¿Qué secretos esconden las personas y las calles para alguien que persigue el rastro de la curiosidad? Christian mira a Saltillo. Y Saltillo no le dice buenos días.
