Solo el 10 por ciento de los conductores en la capital de Coahuila ha tomado clases de manejo, lo que se refleja en la cantidad de siniestros viales.
Si observa a un automovilista que no encendió las direccionales al cambiarse de carril o dar vuelta, si observa a damas pintándose la cara, las pestañas o las cejas mientras conduce y si los observa texteando con su celular, seguramente usted se encuentra en la ciudad de Saltillo.
De acuerdo con las últimas cifras dadas a conocer por la Administración Fiscal General de Coahuila, en la capital estatal hay 500 mil vehículos registrados, más los de procedencia extranjera, los cuales tienen en punto de quiebre el tráfico vehicular.
Esta situación provoca casos de angustia y estrés entre los automovilistas, que cada día tardan más en llegar a su trabajo, a la escuela y al hogar. Si antes lo hacían en 15 minutos, hoy tardan al menos media hora.
Desafortunadamente la cultura vial de los automovilistas saltillenses no es para presumir, al contrario, en muchos casos manejan a como Dios les da a entender.
Los conductores de esta ciudad se han ganado a pulso la fama de no encender las intermitentes para anunciar a otros automovilistas que van a cambiar de carril carril de circulación o, bien, van a dar una vuelta, lo que ha provocado múltiples siniestros, según el especialista en urbanismo Marco Tulio.
Elena Ruiz tiene más de 15 años de experiencia manejando vehículo, el único siniestro que ha tenido es haberle dado un besito por alcance a un auto que frenó de forma repentina, el daño que le causó no ascendió a más de 2 mil pesos.
Ella es una del 10 por ciento de las personas que sí tomaron clases de manejo. La diferencia es notoria: respeta los límites de velocidad, usa el cinturón de seguridad, no maneja si toma bebidas embriagantes y pone sus direccionales al hacer una maniobra de vuelta o rebase.
Por el contrario, el 90 por ciento de los conductores se enseñó a manejar de forma empírica con sus papás o familiares, según datos de la escuela de manejo Mercurio.
