La marcha del orgullo LGBTTTIQ+ es para no olvidar a quienes perecieron en el intento de vivir en libertad.

El 28 de junio. Un río de colores fluye y pinta las calles grises de las principales ciudades del mundo. No ha llovido y aun así aparecen arcoíris, las personas gritan y bailan al compás de su propio ritmo. Si bien parece una gran fiesta, en realidad es un conjunto de voces que claman respeto, justicia e igualdad. Reclaman su derecho a tener una vida digna, lejos de prejuicios, sin ser señalados y de vivir sin miedo.

No solo marchan este día. Es una lucha constante para que entendamos que pueden amar a quien su corazón les dicte y no a quien la sociedad les exija. Es marchar para no olvidar a aquellos que han perecido en el intento de vivir en libertad.

En México hemos avanzado mucho en garantizar el acceso a derechos; sin embargo, seguimos siendo un país profundamente conservador, donde se rechaza lo que no encaja en nuestro concepto de “vivir bien”, donde se tolera que sean como quieren, siempre y cuando no lo hagan público. Es absurdo. Dejemos que los demás vivan su vida como mejor les parezca. Para mí, va más allá de tolerar. Es respetar su decisión, entender que somos igual de valiosos y dignos de vivir felices. Si no quieres gritar en la marcha del orgullo LGBTTTIQ+, está bien; eso también es respeto, pero no seas de los que silencian su voz.