El cuerpo no es una moda. El cuerpo es nuestra casa. Y esa sí debería ser una inversión para toda la vida.

Durante años las mujeres hemos visto cambiar el “cuerpo ideal” como si se tratara del largo de una falda o del color de temporada.

Hubo una época en la que queríamos curvas. Otra en la que tener glúteos grandes se convirtió casi en una obligación. Y hoy parece regresar una tendencia que muchas creíamos superada: la extrema delgadez de los años 2000.

Y aquí es donde creo que vale la pena preguntarnos: ¿en qué momento permitimos que nuestro cuerpo también se convirtiera en una moda?

Porque una cosa es que una mujer sea naturalmente muy delgada —hay cuerpos, estructuras y genéticas completamente diferentes— y otra muy distinta es intentar llevar nuestro cuerpo a un peso o composición que no le corresponde, recurriendo para conseguirlo a restricciones excesivas, dietas imposibles de mantener o hábitos que difícilmente podríamos sostener durante años.

Y el costo puede ser demasiado alto. Cabello debilitado, piel opaca, cansancio, cambios hormonales, pérdida de fuerza y, especialmente, pérdida de masa muscular.

Quiero llegar a los 50, 60 y 70 años con un cuerpo funcional.

Esto último me parece fundamental. Durante mucho tiempo a las mujeres nos enseñaron a preocuparnos por pesar menos, cuando quizá deberíamos haber estado mucho más preocupadas por conservar músculo.

La masa muscular no está ahí solamente para que un brazo o una pierna se vean “tonificados”. Es parte de nuestra salud, nuestra movilidad, nuestra fuerza, nuestra independencia y nuestra calidad de vida conforme pasan los años.

Por eso, personalmente, cada vez me interesa menos la conversación de “quiero estar más flaca” y mucho más la de “quiero estar más fuerte”.

Quiero poder cargar peso. Quiero correr. Quiero subir escaleras sin cansarme. Quiero tener piernas capaces de sostenerme durante décadas. Quiero llegar a los 50, 60 y 70 años con un cuerpo funcional. Quiero comer para nutrirme y no pasar la vida castigándome por haber comido.

Porque nuestro cuerpo no debería ser una tendencia. Es el vehículo que nos va a llevar absolutamente a todos lados durante toda nuestra vida. Y probablemente sea también el patrimonio más importante que tenemos.

Por eso me inquieta cuando observo cómo las redes sociales vuelven a colocar ciertos cuerpos extremadamente delgados como aspiracionales sin hablar de lo que puede existir detrás de algunas de esas imágenes.

Aspiremos a estar saludables, fuertes, ágiles, nutridas y llenas de energía.

¿Quién está decidiendo otra vez cómo debería verse el cuerpo femenino? ¿Las pasarelas? ¿Las celebridades? ¿TikTok? ¿Instagram? ¿Los algoritmos?

Y todavía más importante: ¿por qué seguimos permitiendo que alguien más decida cómo debería verse el nuestro? Tal vez sea momento de cambiar el estándar. No aspirar a ocupar menos espacio. No perseguir eternamente una talla. No tratar de encajar nuestro cuerpo en la tendencia del momento. Aspiremos a estar saludables, fuertes, ágiles, nutridas y llenas de energía.

Que una mujer pueda verse delgada, atlética, musculosa, curvilínea o simplemente diferente a la mujer que tiene al lado y que ninguna de las dos tenga que sentirse equivocada. Porque la verdadera tendencia que me gustaría ver crecer es otra: mujeres que dejan de entrenar solamente para ser más pequeñas y empiezan a entrenar para hacerse más fuertes. 

El cuerpo no es una moda. El cuerpo es nuestra casa. Y esa sí debería ser una inversión para toda la vida.

Que vivan las mujeres fuertes, las que tienen curvas, también las que son delgadas por genética… a lo que vamos… Sin dejar fuera a nadie. Que vivan los buenos hábitos, buscar bienestar y homenajear y amar nuestro cuerpo sin caer en moldes o estereotipos que nos cobran altos costos y desaparecen en décadas dejando estragos en nuestra salud.

Un look o moda en nuestro cuerpo pasará, pero un cuerpo con masa muscular nos sostendrá para toda la vida.