Gracias a años de lucha y resistencia, hoy existe una sociedad un poco más abierta y consciente sobre la diversidad, pero todavía queda mucho camino por recorrer.

Junio ha sido denominado el Mes del Orgullo LGBT+, y pese a que mucha gente lo asocia  con marchas, banderas y celebraciones, plumas y arcoíris, en realidad tiene un significado mucho más profundo. Todo empezó en 1969, en la gran ciudad de Nueva York, cuando personas de la comunidad LGBT+ decidieron levantar la voz ante los abusos, la discriminación y el rechazo que vivían todos los días. Ahí empezó una lucha que con el tiempo se convirtió en un movimiento mundial.

Aquí en México, esta historia también ha tenido momentos muy relevantes e importantes. La primera Marcha del Orgullo se realizó en la Ciudad de México en 1979, cuando hablar abiertamente de diversidad sexual todavía era un tema lleno de prejuicios y estigmas. Desde entonces, el movimiento ha crecido muchísimo y ha logrado avances importantes, como el reconocimiento del matrimonio igualitario en distintos estados y una mayor visibilidad en medios, política y espacios públicos.

Gracias a años de lucha y resistencia, hoy existe una sociedad un poco más abierta y consciente sobre la diversidad. Sin embargo, todavía queda mucho camino por recorrer. Muchas personas todavía en estos tiempos siguen enfrentando violencia, críticas y rechazo por el simple hecho de ser quienes son. 

Y precisamente por eso el orgullo sigue siendo importante: porque no solo se trata de celebrar o conmemorar; también se trata de visibilizar, de recordar y de seguir abriendo espacios para todos.

Porque al final, el respeto nunca debería depender de etiquetas. De eso se trata realmente el orgullo: de poder ser uno mismo sin miedo.