Las calificadoras mantienen a México al borde del grado de inversión. Hoy se examina la credibilidad de la trayectoria consolidación fiscal.
El 8 de septiembre, la Secretaría de Hacienda entregará al Congreso el Paquete Económico 2027, un ejercicio que llega en un momento de menor margen de maniobra que en años anteriores.
El primer reto es la deuda. El Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP) —la medida más amplia del endeudamiento público— pasaría de un estimado de 54.7% del PIB este año a 55% en 2027, de acuerdo a los Pre-Criterios Generales de Política Económica 2027.
Las calificadoras mantienen a México al borde del grado de inversión. Lo que hoy se examina no es el déficit de un solo año, sino la credibilidad de la trayectoria de consolidación fiscal.
El segundo reto es la inversión en infraestructura física, y aquí conviene recordar la regla de oro de las finanzas públicas: el gasto en pago de intereses de la deuda nunca debería superar al gasto en inversión física.
La prueba es incómoda: el costo financiero de la deuda en los primeros seis meses del año es 1.8 veces superior a lo destinado a inversión física. México está violando esa regla básica, pagando más por el servicio de su deuda que por construir carreteras, agua, trenes y hospitales.
El tercer reto es Pemex. Aunque el Gobierno insiste en que será financieramente autónoma a partir de 2027, el rescate acumulado en los últimos ocho años ya supera los 3.3 billones de pesos, y persisten dudas sobre si la baja eficiencia en refinación permitirá cumplir esa meta sin nuevos apoyos.
Ninguno de estos tres frentes se resuelve solo con buenas intenciones presupuestales. En estos días vendrá la prueba de fuego ante las calificadoras.
