Juan Antonio ‘El Zurdo’ Flores Barrera, exfutbolista profesional saltillense, comparte en un libro su testimonio de disciplina y aprendizaje.

“El Talismán”, obra autobiográfica recientemente presentada por Juan Antonio “El Zurdo” Flores Barrera en el Auditorio Saltillo, debe leerse más allá de la memoria deportiva. Su valor social radica en mostrar que una trayectoria no necesariamente nace de condiciones privilegiadas, sino de decisiones acumuladas: disciplina, sueños, permanencia, aprendizaje, capacidad para soportar la incertidumbre y disposición para aprovechar oportunidades. La presentación pública del libro subrayó precisamente su propósito de honrar a la vida, a Dios, a su familia y amigos, e inspirar a niñas, niños y jóvenes que practican futbol y aspiran a desarrollarse profesionalmente.

“Qué razón tenía Cronos. Esperar duele, pesa y en ocasiones frustra. Los silencios no se hacen por no tener nada que decir; están ahí para hablar sin ruido con nosotros mismos, para observar, pensar, reflexionar, cribar el inescrutable cielo y encontrar en él señales, para escuchar la voz del corazón. A veces, el alma necesita quedarse quieta para entender hacia dónde debe caminar” (tercer párrafo de la página 121).

‘El Zurdo’ Flores presentó su libro «El Talismán» en Saltillo, Coahuila.

La historia de Flores Barrera resulta especialmente útil para hablar con jóvenes de sectores con oportunidades limitadas porque evita una idea peligrosa: que el éxito depende únicamente del talento. Su propia trayectoria demuestra lo contrario. Antes de consolidarse en Primera División atravesó procesos de selección, viajes constantes entre Saltillo y Monterrey, competencia por un lugar y largos periodos sin certeza de ser registrado. Años después recordaría que debía ir “con mi maleta a Monterrey” mientras seguía demostrando que podía permanecer en el futbol profesional. Esa imagen resume mejor que cualquier consigna motivacional una pedagogía del esfuerzo: presentarse, insistir y aceptar que el progreso suele ser lento.

“Los periodistas piensan que es suerte, que soy un oportunista del área. Los aficionados me consideran un amuleto, un talismán. Sin embargo, siempre ha sido trabajo de disciplina. Lo que en un inicio quisieron etiquetar y confundir entre titular y suplente ha generado en la tribuna un sentimiento de admiración y esperanza” (cuarto párrafo de la página 102). Y así en la vida de cada quien.

Libro «El Talismán».

El título “El Talismán” posee además una carga simbólica. En el futbol mexicano, Flores Barrera adquirió esa condición por su capacidad para entrar desde la banca y modificar partidos. Fue jugador de Monterrey, Santos Laguna y Tigres, disputó finales con los principales clubes del norte y anotó ante el Real Madrid en 1990. Sin embargo, el verdadero “talismán” que puede desprenderse de su historia no es la suerte. Es la preparación para responder cuando aparece una oportunidad. Esa distinción es fundamental para los jóvenes: esperar un golpe de fortuna no construye futuro; adquirir hábitos, educación, oficio y disciplina sí aumenta las posibilidades de aprovecharlo.

El libro también permite ampliar la conversación más allá del futbol, la relatoría de la vida del autor y los momentos cruciales que le permitieron tomar decisiones que marcaron su trayecto profesional.

Para Saltillo, “El Talismán” tiene un significado particular. La ciudad aparece no como simple lugar de origen, sino como punto desde el cual un joven pudo proyectarse al futbol nacional. Esa experiencia puede fortalecer identidad y pertenencia, pero su mayor impacto surgiría si escuelas, clubes, universidades, asociaciones civiles y autoridades utilizaran el libro como detonador de conversaciones sobre proyecto de vida. El futbol puede atraer al joven; la educación debe ayudarlo a permanecer en un camino productivo aun cuando el propósito de vida cambie.

“Los periodistas piensan que es suerte, que soy un oportunista del área. Los aficionados me consideran un amuleto, un talismán. Sin embargo, siempre ha sido trabajo de disciplina”.

Juan Antonio “El Zurdo” Flores Barrera, exfutbolista.

“Me remonto al pasado, a esos momentos de grises despertares, de sueños e ilusiones atrapados en esfuerzos puestos al límite de la voluntad y de la razón. En esos tiempos alimentados por la ilusión, donde había que salir de día para regresar de noche en un autobús perfumado a diésel. A veces parado, a veces sentado, hacía mis trayectos. Sin importar cómo fuera, me aseguraba de recalcar la palabra que tenía tatuada en mi mente: ¡Persiste!” (último párrafo de la página 104).

Por eso, “El Talismán” puede convertirse en una herramienta social si se lee correctamente: no como una receta de fama, sino como testimonio de formación y de estructura interna de un ser humano que sueña con trascender. Su mensaje más valioso es que el destino rara vez depende de un solo partido, una prueba o una oportunidad. Se construye mediante decisiones repetidas. Para una juventud enfrentada a desigualdad, inseguridad, desalientos, tentaciones a una vida fácil, abandono escolar, empleos precarios y gratificación inmediata, esa idea resulta mucho más poderosa que cualquier promesa de éxito rápido.