Las tendencias actuales de las relaciones sociales van caminando hacia tener menor compromiso y exclusividad.

Hace días escuchaba la historia de una joven mujer, mamá de un importante colegio en la ciudad, quien relataba que a pesar de mantener un matrimonio estable, existía en ella la preocupación de perder a su marido al no acceder a las denominadas relaciones abiertas o swingers, término que describe a las parejas que están dispuestas a establecer relaciones con otra pareja, ya que en el colegio donde estudian sus hijos está de moda entre los padres de familia.

Por supuesto, no pude evitar pensar cómo es que las tendencias actuales de las relaciones sociales van caminando hacia tener menor compromiso y exclusividad, sí, esa que mantenía este vínculo de seguridad, de compromiso y hasta de higiene personal y emocional. Ahora parece que los monógamos son los raros en esta especie y, además, es cada vez más difícil encontrarlos.

Exclusividad es un término que describe lo que no todos pueden tener y a lo que no todos pueden acceder, pero pareciera que los hombres y mujeres de hoy no quieren comerse el mundo, quieren comerse a todo mundo.

Lo anterior sin duda ha propiciado problemas en la estabilidad de las parejas, principalmente en la salud emocional de las mujeres que, como esta mujer, ahora piensan que si no acceden perderán a su pareja, aun y cuando esto represente una pérdida de dignidad.

Lo que antes se llamaba respeto, ahora se toma como toxicidad; y lo que antes era exclusividad, ahora es un lujo en peligro de extinción.