La fallida operación militar estadounidense en una costa cubana hace más de 60 años sirve para reflexionar sobre el intervencionismo, el derecho internacional y la esperanza de una población que desea cambiar de régimen.
En 1969 el trovador cubano Silvio Rodríguez compuso “Playa Girón”, una canción que rendía una especie de homenaje a los hombres que lucharon en la Bahía de Cochinos en 1961, una invasión apoyada por Estados Unidos que fue crucial durante la revolución cubana. En aquel abril de 1961, el país norteamericano financió el ataque llevado a cabo por jóvenes cubanos exiliados; sin embargo, al momento del enfrentamiento, el presidente del país más poderoso del mundo canceló el ataque aéreo, lo que provocó una derrota contundente ante los jóvenes cubanos que defendían los ideales de Fidel Castro. En el clímax de la canción el autor se pregunta “Si alguien roba comida y después da la vida, ¿qué hacer? ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades? ¿Hasta dónde sabemos? Que escriban pues la historia, su historia, los hombres del Playa Girón”.
Con la captura y juicio de Nicolás Maduro, el mundo volcó su mirada hacia Venezuela. Se puso sobre la mesa el intervencionismo e imperialismo estadounidense y el derecho internacional.
El derecho internacional es un conjunto de normas y principios que regulan las relaciones entre Estados y otros actores internacionales en el escenario mundial. Abarca diversos temas como resolución de conflictos y diplomacia, comercio internacional, derechos humanos y la protección del medio ambiente. Uno de los principios del derecho internacional es la soberanía estatal, el cual reconoce la independencia y autonomía de los Estados para dirigir sus asuntos internos sin interferencia externa. De modo que, de acuerdo con el derecho internacional, lo que hizo Estados Unidos, con quien hasta el 3 de enero fungía como presidente de la República Bolivariana de Venezuela, estaría infringiendo este derecho.
Fuera de las opiniones que pudieran tenerse en las redes sociales, los expertos del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, como George Katrougalos, Ben Saul, Surya Deva, Nicolas Levrat, entre otros, advierten que las acciones ejercidas por parte de Estados Unidos equivalen a un desprecio flagrante por el derecho de los pueblos a la autodeterminación y su soberanía sobre los recursos naturales, pilares del derecho internacional de los derechos humanos.
«Si alguien roba comida
y después da la vida, ¿qué hacer?
¿Hasta dónde debemos
practicar las verdades?
¿Hasta dónde sabemos?
Que escriban pues la historia,
su historia, los hombres
del Playa Girón».
“Playa Girón”, de Silvio Rodríguez.
Silvio Rodríguez, a través de sus letras buscaba “revolucionar la revolución”, lo que para él sería encontrar un equilibrio entre defender la dignidad nacional sin dejar de lado las heridas y los desafíos que se enfrentan al interior; en el caso de Cuba, la pobreza y emigración; en el caso de Venezuela: una caída del PIB de casi 75 por ciento desde 2014, una reducción del sector empresarial, escasez generalizada y el nivel de pobreza en más del 70 por ciento, de acuerdo con medios nacionales e internacionales.
A raíz de la captura de Maduro, se puso sobre la mesa la posibilidad del regreso de María Corina Machado, principal opositora actual de la dictadura venezolana y Premio Nobel de la Paz; sin embargo, Donald Trump fue claro en descartar dicha alternativa. Incluso su equipo de trabajo aseguró que Delcy Rodríguez estaba dispuesta a trabajar de la mano con el Gobierno estadounidense. De nueva cuenta, la opción votada y apoyada por los venezolanos quedó descartada. Primero en 2024 bajo la orden de Nicolás Maduro, ahora en 2026 bajo la orden del mandatario del país más poderoso del mundo.
La urgencia de salir de un país donde reina la corrupción, donde se le arrebata a la ciudadanía el derecho a decidir, donde los recursos están en manos de unos cuantos y donde cada día tienen que lidiar con la inseguridad, la pobreza y el abandono que esto representa, puede llevar a un pueblo a tomar la mano de quien sea que prometa mejorar la situación. Llámese Venezuela, Cuba, Guatemala, Nicaragua, Irán, Irak, Afganistán, Libia, Corea… Todos vivían tal infierno en su propia tierra, que Estados Unidos pareció el menor de sus problemas.
La pregunta no es si un día México despierte con la noticia de que el abogado del mundo se llevó a quien prometió transformar el país, la pregunta es cuándo. La segunda pregunta es cuántos gritarán “¡nos salvaron!” y cuántos “¡nos están invadiendo!”.


