El magnate republicano cimbró al mundo tras su llegada a la Casa Blanca. Aranceles, persecución de migrantes, riñas con funcionarios demócratas. México no se libró de sus amenazas.
Momentos complicados y de tensión vive la presidenta Claudia Sheinbaum, momentos tal vez no vistos en los tiempos recientes de este país.
Y es que mientras enfrenta los problemas heredados por su antecesor, el expresidente Andrés Manuel López Obrador, como la crisis de seguridad que se vive en gran parte del país, también tiene que lidiar con su grupo político que aún no define su lealtad y que hasta públicamente le ha dado la espalda en eventos masivos. Al mismo tiempo, recibe las exigencias de Donald Trump, quien desde su llegada a la presidencia de Estados Unidos dejó ver cuál sería la línea que implementaría en cuestión de política exterior.
Las principales exigencias del nacido en Nueva York son detener el tráfico de fentanilo, frenar el paso de migrantes por las fronteras mexicanas, entregar a políticos inmiscuidos en el crimen organizado, entre otras más. Para que estas demandas se llevaran acabo puso en funcionamiento el método Trump.
‘¡Es hora de que paguen un precio muy alto!’
Con esta frase escrita a fines de noviembre del 2024, cuando aún faltaban casi dos meses para su regreso a la Casa Blanca, Donald Trump concretaba el primer paso de su método de negociación: la amenaza.
“Como una de mis muchas primeras órdenes ejecutivas, firmaré todos los documentos necesarios para cobrar a México y a Canadá un arancel del 25 por ciento sobre todos los productos que ingresan a los Estados Unidos y sus ridículas fronteras abiertas”, agregó entonces el político republicano en su cuenta en la red Truth Social.
El sábado 1 de febrero, menos de dos semanas después de asumir un nuevo mandato como presidente de Estados Unidos, Trump concretó su amenaza y dispuso la imposición de aranceles de 25 por ciento a sus dos vecinos de Norteamérica, afortunadamente y tras varias llamadas de negociación con la presidenta Sheinbaum se pudo frenar el impuesto en algunos rubros, pero las presiones no cederían.
La primera ofrenda
El 27 de febrero de 2025, autoridades mexicanas informaron la extradición a Estados Unidos de 29 prisioneros acusados de delitos relacionados con el narcotráfico, en una de las mayores entregas a la justicia estadounidense que se hayan registrado en el país.
Según la lista difundida por el Departamento de Justicia estadounidense, entre los detenidos está Rafael Caro Quintero, uno de los líderes históricos del narcotráfico en México, así como los hermanos Miguel Ángel y Omar Treviño Morales, fundadores del sanguinario cartel de Los Zetas. Pero para Trump la lista solo fue un bálsamo, pues más tarde y utilizando medios no oficiales circuló un boletín atribuido al Departamento de Seguridad Nacional donde figuran al menos 44 nombres de prominentes funcionarios y políticos del gobierno de México, hay nombres lo mismo de gobernadores que de alcaldes, diputados, secretarios de Estado o líderes parlamentarios del Congreso mexicano. Y aunque los señalados en “la lista de Marco”, como se le conoce en Estados Unidos, hay políticos de todos los partidos existentes en México, la mayor parte de los mencionados son militantes activos de Morena, el partido de la presidenta Sheinbaum, y algunos tienen una relación muy cercana con ella y con el expresidente López Obrador.
¿Amigo o enemigo?
Si bien la actitud del presidente Trump ha sido agresiva en cuanto a sus peticiones, esto ha obligado al Gobierno mexicano primeramente a cambiar la estrategia fallida de seguridad que dejó López Obrador. Segundo, ha hecho que las autoridades de mala gana reconozcan la crisis que se vive en gran parte del país, donde se tienen narcogobiernos incapaces de enfrentar las problemáticas que se presentan día a día.
Finalmente, en conjunto con estas amenazas, Trump también ha ofrecido su ayuda para combatir la delincuencia organizada dándole un margen a la presidenta para que pudiera enfrentar presiones por grupos políticos que no les conviene un confrontación tan directa con los cárteles mexicanos, porque, con uno que caiga, el efecto dominó sería inminente. Ahí sí aplicaría la de “yo no fui, fueron los gringos”.
