El Mundial demostró que los mexicanos llevamos la fiesta en nuestra sangre.

En la gran fiesta del futbol, ¡nadie se esperaba lo que México le demostró al mundo!

En la inauguración, fuimos testigos de la imagen que nos ha erizado la piel, la lluvia de sombreros verdes, al coro de una sola voz gritando gooool, cimbrando las entrañas de aquel magnífico lugar. No faltaron a la cita el Santo y el Chapulín Colorado, y al terminar el primer encuentro los mexicanos ya estábamos haciendo amigos, aun y cuando el idioma no era el mismo.

A los pies del Ángel de la Independencia se podía ver ríos de gente entre los que destacaban extranjeros siendo lanzados por los aires, celebrando el triunfo de la Selección, a la par de nacionales y coreanos bailando con el Dr. de “bata blanca” al ritmo de la banda, mientras un pato caminaba portando orgulloso la camiseta de la Selección. Estas son solo algunas de las muchas imágenes que recorren el mundo mostrando la magia con la que se vive esta fiesta.

Es cierto que el futbol une, sin importar raza, color, origen, idioma, pero lo que hizo el mexicano fue abrazar y recibir a propios y extraños, demostró que la fiesta está en nuestra sangre y que al ritmo de la música, los colores más intensos  y las escenas más surrealistas solo las puedes vivir aquí. ¡Demostró que como el mexicano, no hay dos!