La Biznaga es una comunidad rural en Arteaga que guarda historias de mujeres que vuelan convertidas en aves y de prácticas mágicas.

En el municipio de Arteaga, una pequeña comunidad rural ha construido su fama alrededor de relatos de mujeres que vuelan convertidas en aves, rituales en un antiguo panteón y una tradición familiar de hechicería. Entre las figuras más conocidas está doña Martha Molina, quien se identifica como bruja y curandera, y asegura haber heredado estas prácticas de su abuela.

La brujería tiene antecedentes documentados en Coahuila desde el siglo XVII. En 1665, el comisario inquisitorial Juan de Villarreal tomó declaración a Gerónima de Sotomayor por una denuncia relacionada con prácticas mágicas en la antigua villa de Santiago del Saltillo. Sin embargo, a diferencia de aquellos expedientes coloniales, en La Biznaga las historias han sobrevivido principalmente mediante testimonios, leyendas y relatos transmitidos entre sus habitantes.

La fama de La Biznaga, en Arteaga, comenzó a partir de supuestos avistamientos de mujeres que volaban durante la noche, se transformaban en animales y realizaban reuniones alrededor del fuego. Fotografía: Ash Velasco

Una comunidad marcada por las leyendas

Ubicado en el camino hacia San Antonio de las Alazanas, el ejido La Biznaga es conocido popularmente como el pueblo de las brujas. Su fama comenzó a difundirse ampliamente a partir de relatos que sitúan desde la década de 1960 supuestos avistamientos de mujeres que volaban durante la noche, se transformaban en animales y realizaban reuniones alrededor del fuego.

Las narraciones hablan de mujeres que surcaban el cielo convertidas en grandes aves negras y de encuentros nocturnos que los pobladores identificaban como aquelarres. También se cuentan historias sobre rivalidades entre familias, maldiciones y rituales que supuestamente buscaban perjudicar a otras personas.

Aunque no existe documentación independiente que compruebe estos acontecimientos, las historias se han convertido en parte de la identidad popular del ejido. Su difusión en reportajes y videos ha atraído la atención de visitantes, curiosos e investigadores de fenómenos paranormales, interesados en conocer el lugar del que surgieron las leyendas.

Uno de los sitios asociados con estas narraciones es el panteón de La Luz, también llamado por algunos visitantes “el panteón de las brujas”. De acuerdo con las publicaciones sobre la comunidad, el cementerio fue fundado en noviembre de 1936 y se encuentra a aproximadamente un kilómetro del poblado. En torno a este espacio circulan relatos sobre hechizos enterrados, objetos utilizados en rituales y presuntas reuniones nocturnas.

La fama del lugar, sin embargo, no es compartida de la misma manera por todos sus habitantes. Algunos pobladores atribuyeron la reputación del ejido a las historias que se cuentan desde hace décadas y rechazaron que allí ocurran vuelos de brujas. Esta diferencia entre las versiones refleja cómo una misma leyenda puede alimentar la curiosidad de los visitantes y, al mismo tiempo, ser vista por otros como una exageración de la tradición local.

Las historias sobrenaturales se han convertido en parte de la identidad popular del ejido. Fotografía: Ash Velasco

Doña Martha Molina, heredera de una tradición familiar

Entre las personas que han dado mayor notoriedad a La Biznaga destaca doña Martha Molina, quien se presenta públicamente como bruja y curandera. En una entrevista se describió como nieta de Natividad, una mujer a la que atribuye prácticas de hechicería y que forma parte de las historias más conocidas del ejido.

Molina ha contado que su abuela mantenía una relación difícil con ella durante su infancia y que utilizaba remedios tradicionales, como la ruda, para proteger a la familia de lo que consideraba hechicerías. Según su relato, desde su nacimiento fue vista como una niña diferente y su abuela llegó a rechazarla por su apariencia. Estas experiencias forman parte de la historia personal con la que explica su vínculo con la brujería.

En las narraciones sobre La Biznaga también aparecen otras mujeres, como Marisa, Lupe Cortés y María Reyes, a quienes se relaciona con la generación anterior de supuestas brujas. Sus nombres se han incorporado a las historias que circulan entre los habitantes y que vinculan a determinadas familias con rituales, transformaciones y experiencias sobrenaturales.

La propia Molina afirma haber heredado ese conocimiento y se identifica con una tradición que, según sostiene, tiene más de un siglo. Su historia familiar constituye uno de los principales elementos que han mantenido el interés público por la comunidad.

Las leyendas alimentan la curiosidad de visitantes. Fotografía: Ash Velasco

La Santa Muerte, los rituales y los testimonios de Molina

En entrevistas y publicaciones propias, Martha Molina ha hablado de su relación con la Santa Muerte, las hierbas y distintos rituales espirituales. Entre las prácticas que menciona se encuentran las limpias, los amarres y los trabajos que, según afirma, realiza para atender las peticiones de quienes acuden a ella.

Su relato más llamativo está relacionado con la supuesta capacidad de transformarse en un ave negra y volar durante la noche sobre el ejido. La curandera también ha explicado públicamente que atribuye parte de sus conocimientos a las experiencias de su infancia y a la influencia de su abuela. En su propia versión, las prácticas que realiza forman parte de una actividad espiritual que mantiene hasta la actualidad.

Estas declaraciones han contribuido a convertirla en una de las figuras más reconocidas de La Biznaga. No obstante, sus afirmaciones sobre transformaciones y poderes sobrenaturales pertenecen al terreno de sus creencias personales y no cuentan con comprobación independiente.

Los relatos sobrenaturales se han transmitido durante décadas, pero también hay gente del pueblo que niega esas historias. Fotografía: Ash Velasco

Entre el misterio y la tradición oral

La Biznaga ha pasado de ser una comunidad rural de Arteaga a convertirse en un referente de las leyendas de brujería en Coahuila. Los relatos sobre mujeres que vuelan, las historias relacionadas con el panteón de La Luz y la figura de Martha Molina han reforzado el interés por un lugar cuya reputación se ha extendido más allá de sus límites.

Mientras algunos habitantes sostienen que las historias forman parte de la fama del pueblo y niegan que ocurran los hechos sobrenaturales descritos, otros testimonios mantienen vivas las narraciones sobre las antiguas generaciones de brujas.

Más allá de las creencias de cada persona, La Biznaga ofrece una mirada a la manera en que las leyendas se construyen y permanecen en la memoria de una comunidad. Entre testimonios familiares, relatos transmitidos durante décadas y versiones que siguen despertando curiosidad, el llamado pueblo de las brujas conserva una historia en la que la tradición oral y el misterio continúan entrelazándose.